lunes, 8 de septiembre de 2014

Sé que es una ilusión




Y qué me importa
si la luz es radiante o atardece
o ya es tan sólo noche.

Tú, que ves tanto,
no caes en la cuenta de que
tan sólo eres lo único que veo.

Y sin embargo huyo de ti,
te lo explico:
me encaramo en la cima más alta
y apareces en forma de nube.
Si hundo mis pies en el lodazal del tedio
del que intento salir con un par de copas de más,
allí estás, en el fondo del cristal
y al beberme los güisquis
penetras mis entrañas
y en esa negra y amarga masa
endulzas con el ron de tu mirada mi tristeza.

Y sigo andando
y siento tu hálito en la nuca
como si fuese un soplo divino.
Doy la vuelta sobre sí mismo
una y otra vez
y en el centro del torbellino que creo
te veo radiante y sonriente.
Sé que es una ilusión,
pero yo vivo y muero en ella.

Por ello me da igual
el alba y el amanecer
el día y el ocaso
pues todo es cotidiano y siempre igual.
Tú, no
porque tú eres la luz que
hoy por hoy
alumbra mi gris caminar;
por ello te amo sin nada a cambio,
pero atiende, oh amor, no sufro
pues en lo que para otros
podría ser un martirio
en mí es un milagro.

Tú déjame ser así
pues estando loco estoy mas cuerdo que nunca,
y tan sólo por un pequeño detalle:
porque te amo.

(De José García Pérez)       

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