viernes, 26 de septiembre de 2014

Pedro Aparicio



Cuando ayer andaba camino del gimnasio cayó fulminado por un maldito infarto el que fuese primer Alcalde democrático de esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, Pedro Aparicio, a la edad de 71 años.

            Este médico madrileño fue candidato a la alcaldía malagueña en 1979, fecha en la que obtuvo bastón y mando de la misma con un pacto entre PSOE, PCE y PSA. En las siguientes legislaturas todas fueron de mayoría absoluta de Pedro, también del PSOE, hasta que en 1995 decidió no presentarse a los comicios locales; ejerció, pues durante 16 años el compromiso de servir a los ciudadanos.

            Llegó a ser Presidente de la Federación Española de Municipios y también logró acta de europarlamentario; terminada su vida política, durante años escribió semanalmente en las páginas del decano de la prensa malacitana un artículo de opinión que era seguido con interés por los lectores; en ellos se apreciaba un distanciamiento con su partido.

            Amante de la música al máximo, supo dotarse de un ritmo para dirigir la orquesta del Ayuntamiento sin que pareciera gozar de esa mayoría a la que se le conoce como “rodillo”; con sus claros y oscuros se puede considerar como un Alcalde que ha dejado huella en Málaga, más en concreto en los populosos barrios que heredó del franquismo y a los que dotó de los servicios mínimos para que se pudieran considerar dignos.

            Cuando la gran crisis del PSA, el comité nacional decidió y yo acepté ser candidato a la alcaldía de Málaga, sabiendo que no me comería una rosca, como así fue, exceptuando Jerez, en toda Andalucía; créanme que la crisis por el desierto andalucista la pasamos con el camello encima de los hombros, pero bueno aquella campaña me otorgó la posibilidad de conocerlo mejor.

            A Pedro Aparicio siempre le estaré agradecido porque en aquella fatídica tardenoche del 23 de febrero de 1981, cuando Tejero secuestró el Congreso, hizo aquello que debía hacer, pero que otros no realizaron.
           
            Cuando regresé el día 24 a mi casa le pregunté a Rosi cuántos amigos la habían llamado para darle ánimo; resultó que ninguno, tan sólo Pedro Aparicio se puso en comunicación con ella para enviar a mi domicilio y alrededores cuatro policías municipales; la “pastora”, más valiente que nadie, se negó a ello, pero yo siempre le estuve y estaré eternamente agradecido por el detalle, que aunque institucional, fue un detallazo que él supo, y lo supo bien, nunca he olvidado u olvidaré.

            Descansa en paz, buen amigo


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