miércoles, 17 de septiembre de 2014

Para ti y para mí



Que no sigan leyendo las mujeres
que guardan su pureza
en grietas de aleluyas
y rezos sin sentido
a un Dios que obliga a amarnos porque sí.
Que de este poema se abstengan
los machos que tan sólo ven en ellas
objetos de placer.

Este canto es
para aquellos que saben
del milagro de amar,
de dar y darse
sin saber el por qué.

Estos versos, amada,
son para ti y para mí,
nadie más se merece su lectura.

Tal vez, no lo sé bien,
sirvan  para las nubes
que en esta gris
tarde adornaban el mar
donde soñé tu beso sin testigos
que tal vez enturbiaran mi posible embriaguez.

En el fin del atardecer,
cuando tú paseabas
no sé por dónde,
robé tus labios
y los puse al servicio del placer.

Y nos amamos.

(De José García Pérez)





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