domingo, 28 de septiembre de 2014

Lo que nos faltaba



A los males que padecemos con cierto estoicismo no exento de algún que otro cabreo, se nos suman dos grandes problemas a los que ya veremos las formas de hacerles frente.

            El primero de ellos en importancia y posible tragedia es la reivindicación del llamado Estado Islámico (parte de Siria e Irak) sobre la conquista de España, conquista que nada tiene que ver con una guerra, digamos de corte convencional sino con la aplicación de posibles actos terroristas a los que son tan aficionados estos sujetos que degüellan al tiempo que filman la carnicería y nos la restriegan por nuestras propias narices.

            Parece que nos vamos acostumbrando, al tiempo que almorzamos o cenamos, a visualizar a un sujeto inhumano, en nombre de un Dios vengativo, que da un tajo perfecto a la cabeza de un inocente hombre o mujer que nada tiene que ver con esa guerra religiosa que se traen entre manos unos miles de asesinos monstruosos.

            Como la vemos de lejos, a través de un televisor, no llegamos a creernos que el lobo puede merodear por nuestros alrededores hasta que cualquier día la metralla de una explosión eleve las tripas de muchos hasta el paraíso de las huríes; confiemos en que no ocurra, pero el Estado, el nuestro, debe estar ojo avizor por lo que pueda ocurrir.

            Una discusión da lugar a un disgusto en la pareja, el altercado da paso a una situación insostenible y esta, sin saber bien la causa, puede traer aparejada una separación que hace tambalear los cimientos de una familia.

            Este es el otro problema, el catalán o el catalanismo llevado a extrema locura; vamos que la ley se las pasa por el forro de donde ustedes suponen y ponen al gobierno legítimo, guste o no al lector, en el umbral de tomar decisiones legales que si no son respetadas por los hijos de don Arturo pueden acarrearnos serios disgustos.

            Y de repente, desde las cloacas del País Vasco, me estoy refiriendo a los de la serpiente y el hacha, léase ETA, se insta a las instituciones vascas a que sigan los pasos de Cataluña.

            Me conformo con que el Gobierno del PP me suba dos euros al mes en los nuevos Presupuestos Generales, pero le exijo que esa cerveza a la que parece invitarme me la beba con cierta tranquilidad.



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