miércoles, 10 de septiembre de 2014

Ineludible



La noticia es el pan diario del que se sustenta cualquier columnista que se precie de serlo; lógicamente la de hoy es la muerte del todopoderoso Botín, bisnieto, nieto, hijo, padre y abuelo de banqueros, toda una saga dedicada al mercadeo del dinero, ya saben, a prestar y sacarle algún rendimiento hasta llegar a formar un auténtico imperio ante el cual todos se doblegan.

            Se preguntaba un filósofo que para qué servía el dinero, pues el que carece de él se convierte en apocado; el que lo tiene se vuelve caviloso, y el que lo perdió está lleno de pesar. Si se tiene en demasía puede llevar a la esclavitud y no a la libertad, y si no se posee nos acarrea la desesperación; por ello, tal vez lo mejor sería tener las monedas necesarias para ir tirando del carro de la vida, pero no para crear una dependencia que pueda convertirse en la adoración del nuevo Dios

            Esta mañana era ineludible hablar del Presidente del Banco de Santander, pues bien, hemos cumplido. Y si escribiéramos de la muerte sería lo suyo, porque en ella nos igualamos todos y todas, ricos y pobres, banqueros y desahuciados, adultos y niños.

            Tal como dice el vulgo, la vida es cuestión de tres o cuatro telediarios y poco más; por ello hay que disfrutar al máximo ese corto espacio de tiempo que va desde que nacemos hasta que morimos: debemos reír porque es bueno para la salud, llorar porque es necesario que el alma enjuague sus penas, amar para sentirnos que nuestro corazón es carne y no piedra, crecer en compañía de los nuestros, sentir a los “otros” como parte de nosotros mismos, aplicar lo justo y no lo legal, mostrar una sonrisa mejor que una burda carcajada, respirar profundamente, saborear los pequeños instantes y estar preparados para el embarque a puerto desconocido.

            Ojalá que el señor Botín, y todos los que en este día han dejado de existir, hayan sabido aportar a su vida ese interés o tanto por ciento necesario que se pueda decir de él, de ellos, pasó haciendo el bien pues supo obtener sonrisas de los tristes rostros que se cruzaron con él en este tránsito, ya decía, de los tres o cuatro telediarios.

            Descansen todos en paz.



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