martes, 9 de septiembre de 2014

El "viejo" joven amigo




En 1992 escribí un libro repleto de vivencias personales al que le tengo cariño y que tiene por título “Meditando en “pecado””. En uno de sus capítulos, “El encuentro”, narro la visita de un joven médico amigo que vino a casa para hablar sobre hechos que nos unen y diferencian de otras personas, charlamos del Misterio.

            No llegamos a encontrarnos del todo, pero si descubrimos en minutos, dialogando pausadamente, la inmensa soledad donde se debaten nuestros acercamientos al Misterio absoluto de la Libertad.

            Quedamos en volver a encontrarnos; la próxima vez con más amigos, será, por tanto, más difícil el encuentro, entre otras cosas porque no existen encuentros sin el hallazgo de uno mismo,

            Sin embargo creo que nadie, por sí, se deja buscar y siempre encuentra escapes amañados. Le comentaba a Alberto que la noche anterior me encontraba en crisis y que todo lo que me rodea lo veía deteriorado. Tengo que restaurarme pero será un largo y duro proceso, le decía.

            Desde aquella conversación ha transcurrido la friolera de veintidós años, o sea, que ya no es tan joven aunque por lo poco que hemos hablado sigue con las mismas inquietudes: hacer el bien sin nada a cambio.

            Lo he llamado por teléfono porque es un experto traumatólogo, y ya saben algunos de mis lectores que ando liado con el húmero de “la pastora”, mi esposa, y del ya famoso cabestrillo que, al menor descuido mío, se lo quita en un santiamén.

            La voz de Alberto me ha sabido a tiempos añorados y a los actuales de modernidad absoluta, ya ven: le he enviado la radiografía por WaatsApp tras hacerle una fotografía, la ha leído e interpretado en su centro de trabajo y me ha dado un diagnóstico que me ha relajado bastante.

            Hoy he vuelto a meditar en ‘pecado`” sobre la amistad y he sentido una gran complacencia pues he quedado con el joven galeno en hablar de lo divino y humano cualquier día al son de una fresca cerveza.

            En fin, estamos ante un “copo” sin importancia, pero es que cada día que pasa me repatea lo importante y me regocijo en lo normal, a saber: amistad y amor.

            Les deseo buen día.

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