viernes, 19 de septiembre de 2014

De gaitas y sardanas




Ni chispa de ganas tengo de escribir sobre lo sucedido en Escocia donde los amantes de su independencia han sido vapuleados por los unionistas en un día histórico para todos ellos, portadores de gaitas.

            Lo importante es que han votado, o sea, decidido sobre su futuro sin grandes algarabías de vencedores y mayores cabreos de perdedores; los escoceses, al menos en esta ocasión que yo sepa, no han ganado todos como ocurre por estos páramos ibéricos en que nadie pierde cuando hay elecciones.

            Al tiempo que intento escribir estas líneas, los diputados catalanes discuten en su Parlament la aprobación de la Ley de Consultas, una especie de trampilla a la que agarrarse para poder convocar en noviembre un referéndum sobre la independencia de Cataluña.

            Saben que tal hecho, me refiero al de noviembre, es imposible de realizar porque nuestra Constitución habla sobre la unidad indivisible de España y que la soberanía reside en el pueblo español; por lo tanto, en el mismito instante en que convoquen el cambalache el Gobierno lo recurrirá al Constitucional, y punto final sin gaitas que soplar de por medio.

            Esta es una de las grandes diferencias entre el Reino Unido y España, a saber: que ellos no tienen Constitución escrita y nosotros, para bien o para mal, gozamos o padecemos de ella.

            Más cosas, el líder nacionalista escocés, señor Salmond, ya ha presentado su dimisión y por aquí, no es necesario que señale lugar alguno, no existe criatura política capacitada para ello.

            Sobre la ley que están debatiendo, tan sólo un apunte, mientras el guapera de Pedro Sánchez, secretario general del PSOE está en contra de la ilegalidad, sus primos hermanos del PSC votarán a favor de la propuesta del rey Arturo.

            No son por estas causas por las que decía al principio de este “copo” que no tenía ganas de tratar asuntos como éste, sino porque por Florida un cabroncete con mala leche, de nombre Don, ha asesinado de una tacada a su hija y seis nietos.

            Eso sí que es una tragedia y no las gaitas de Escocia o las sardanas de Cataluña o que el Betis esté en segunda.

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