domingo, 24 de agosto de 2014

¿Reforma electoral?



El asunto de la posible ley de Reforma Electoral ha sido más que una “serpiente de verano” lanzada por el Partido Popular, y que ha ocupado buena parte del tiempo de la canícula.

            Creo que Mariano Rajoy aunque desee realizarla no tendrá tiempo para hacerlo ya que son unos siete meses los que tiene de plazo y buena parte de ellos los ocupará el debate de los Presupuestos Generales, pero si es posible que con su legítima mayoría absoluta y mediante un procedimiento de urgencia pueda lograrlo, aunque para ello se salte a la torera las recomendaciones de la Unión Europea en el sentido de que no se modifique la normativa reguladora de los procesos electorales al menos un año antes de que estos se convoquen, pero no es ley sino, como decía, una recomendación.

            Haciendo abstracción de todo lo anterior, creo que al igual que ocurre en numerosas democracias occidentales es aconsejable, según mi particular punto de vista, que el Alcalde o Alcaldesa sea el candidato de la lista más votada, siempre que su porcentaje de votos no sea inferior al 40% de los votos emitidos; y en el caso de que no llegase a dicho tanto por ciento se estableciese una segunda vuelta entre los dos candidatos de los partidos más votados.

            Reconozco que esta opinión es contraria al pensamiento de numerosos ciudadanos y especialmente partidos políticos, pero no es menos cierto que sería bien vista por otro grupo numeroso de la ciudadanía que ve el pasteleo que se da en numerosos municipios del país.

            Tal vez en un tiempo no muy lejano haya que aplicar una posible reforma en las elecciones de las Comunidades Autónomas y, porqué no, a nivel nacional en las Elecciones Generales; sé que todo este debate es complicado y que se debe a la incrustación del colectivo “Podemos” en la política tras su éxito en las pasadas elecciones europeas.

            Exceptuando a los hasta hora dos grandes partidos, PP y PSOE, y alguno como UPyD, así como los grandes colectivos nacionalistas como CiU, Esquerra Republicana y PNV, el resto, incluidos Podemos e Izquierda Unida, queda conformado por una sopa de letras como Anova, Izquierda Anticapitalista, Amaiur, Bildu, Izquierda Abierta, SAT, Compromís, Los Verdes de aquí y de allí, todo ello sin olvidar a los famosos independientes que se ven en ciertas localidades, etc., que difícilmente hacen creíble que una política de pactos consigan hacer más habitable y democrática la política actual.

            Cuestión discutible, lo sé.

             

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