miércoles, 20 de agosto de 2014

Poveda en La Antilla



Seguro que ha sido porque la luna está en cuarto menguante y ello no gusta a enamorados y poetas o a poetas enamorados, que mi buen amigo Rafa Toscano, joven empresario de Lepe, se ha encargado de deleitarnos el próximo día 23 de agosto, día de las Rosas, con la actuación de Miguel Poveda en este lugar “donde el viento silba nácar”, La Antilla, para que la luna vuelva a su gran esplendor.

            Hace dos años justos que Rafa nos invitó a soñar que la orilla, en plena altamar, nos enternecía con las manos y la guitarra de Paco de Lucía que jugó con la partitura que creaban las caracolas en su encuentro con la mar en aquella noche mágica donde unos verdes ojos fueron mi compañía sin que su poseedora nada supiera de ello.

            Ahora nos trae a Poveda, alquimista del cante, para que las estrellas Spica y Altair se asomen a La Antilla para disfrute de una voz que juega con el fuego que no quema, al estilo de aquella zarza bíblica, pero que nos abrasará de amor ante las distintas tonalidades de su garganta milagrosa.

            Aburridos y aburridas de no hacer nada de este mundo, él, Poveda, se encargará de transportarnos para que consigamos la transfiguración y veamos que otro mundo es posible, un mundo de música, guitarra y pasión imprescindible para que siga intacta la ilusión de vivir.

            Nacido en Barcelona, ciudad de la diversidad cultural aunque algunos deseen achicarla a la pobreza de un solo sentimiento, Miguel nos propone un abanico de música que, aunque va más allá del cante puro, demuestra su arte del brujo quejío que domina en todos los palos o, lo que sería más determinante, lo domina a él.

            Con él, en su interior, conviven sin enfado alguno Caracol y Camarón, Antonio Mairena y la Paquera de Jerez, Farina y Morente, y con tan diversa e íntima compañía saltó a la fama en el Festival del Cante de las Minas de la Unión (Murcia) en 1993, donde se alzó con el premio más preciado, el de la Lámpara Minera, que con toda seguridad le sería entregado por el poeta, flamencólogo y amigo mío Félix Grande, ¡ay Félix que te fuiste ayer mismo!

 

            Pues bien, dentro de dos días, Poveda viene con su “lámpara” a las tierras rojas y mineras de Huelva para alumbrarnos, sin deslumbrar, un par de horas en las que Félix Grande, asomado desde Esmirna, sabrá decir un ole celestial que nos puede estremecer a poco que estemos atentos al milagro.

            Gracias Rafa porque con tu afán nos hace más agradables las noches que pasamos entre dunas, marismas, pleamar y esa bajamar que consigue que el viento silbe nácar.

 

           

             

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