jueves, 7 de agosto de 2014

Muy requetebién hecho

            Asumir riesgos es de valientes y no de pusilánimes; el primero que lo asumió fue el sacerdote español Pajares cuando recaló en Liberia por un acto de amor al desheredado, aunque puedan existir otros parámetros para medir su santa osadía.

            Allí, no precisamente a la vuelta de la esquina de casa, marchó este extraño ser para supurar las heridas de otros, y en ese tejemaneje de que estoy contigo aunque no sepa muy bien la causa parece ser que fue contagiado por ese nuevo mal extraño llamado “Ébola” al que todos temen, incluido el que estas palabras intenta hilvanar.

            Mientras la derecha descansa apaciblemente, la izquierda sigue con sus tertulias, esencialmente en la “Cuatro y la Sexta”, dando cañazos a babor y estribor a los hombres y mujeres del PP y, de paso, a los desvaríos de euros de la familia Pujol y compañía, y me parece bien.

            Pero hoy, por ayer, algunos tertulianos se han pasado algo de rosca por el atrevimiento del gobierno de Rajoy por fletar un avión para repatriar al cura Pajares que lo estaba pasando muy mal, y lo seguirá pasando, por aliviar el mal de los afectado por el nuevo virus que hace estremecer a los ciudadanos de Occidente, lugar donde algunos padecen el mal de la “gota”, ya saben: el vicio ese de deglutir carne roja y mariscos pasándose de rosca y precio.

            Piensa el Gobierno de España si debe ser la Orden de San Juan de Dios la que abone los gastos de repatriación del religioso; no, por favor, ya tienen bastante los integrantes de dicha Orden con hacer lo que hacen sin nada material a cambio, debe ser el Estado, o sea todos y cada uno de nosotros, incluidos los tiesos en la medida que puedan, los paganinis de todo esta aventura desventurada.

            Si muere el buen hombre que muera aquí entre nosotros; si no muere todos tenemos que saber y creer que una vida, aunque tenga tres cuartos de siglo, vale un poco más que una cerveza por cabeza; y si brota el riesgo, ya saben, si alguien de los que lo asisten se contagia del maldito Ébola pues que quede claro que entra en el sueldo.

            Podríamos, nadie lo sabe, ser pioneros en defendernos y atacar esta nueva maldición. Vale la pena, lo creo de verdad.


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