jueves, 14 de agosto de 2014

Lauren Bacall y otros



Me encantaría escribir de Lauren Bacall, la dulce vampiresa que, especialmente, junto a Bogart y Marlene nos enseñaron el maravilloso y peligroso juego de saber fumar sin que el humo molestara a nadie; qué maravilla aquellos films en blanco y negro donde las volutas jugaban a irse en busca de una bombilla de aquellas de la época. Lauren, la mujer que no pestañeaba y taladraba las miradas varoniles con el silbo de sus ojos.

            Me agradaría escribir sobre la austera y misteriosa Lauren, pero no tengo más remedio que hacerlo sobre el misterio que envolvió a la retirada de Griñán de la Presidencia de la Junta de Andalucía para aterrizar en el Senado y dejarle bastón y mando andaluz a Susana, oh Susana, la mujer que se ha hecho con el poderío fáctico del PSOE de Petrus, piedra, Pedro, sin haber ganado una elección.

            Y también habría que disertar sobre Chaves y “Tener y no tener”, primera película de Bacall, y que bien podría ser el título de la vida política  del antes todopoderoso Presidente de la misma Junta que Griñán y, que junto a él, ambos han sido presidentes del PSOE y que hoy sacan pecho y solicitan ir voluntariamente al Tribunal Supremo de Justicia a declarar a cuenta del sumario de la juez Alaya, mujer que no se parece en nada a la esposa de Bogart, ya saben, Lauren.

            eres Petrus, piedra, Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”, cuentan los dichos y hechos del nacido en Belén cuando éste otorgó un voto de confianza al rudo pescador; más o menos lo que Susana, oh Susana, ha encomendado a Sánchez respecto al partido socialista.

            El día que el Supremo se defina sobre los aforados pre imputados en el caso de los EREs, esencialmente respecto a Griñán, sabremos porque se alzó con el trampolín para saltar al limbo del seno de Abraham, el insulso y apacible Senado donde sus componentes se dedican a contemplar como crecen sus cuentas corrientes por no hacer nada que sirva para algo.

            Pero yo, que no quería escribir sobre Lauren, la “gatuna” que no tenía mirada felina porque engatusaba con ella y de la que un día me enamoré, como lo hizo Sinatra, la “voz”, aunque después se rajó y la dejó mirando al infinito con los ojos apagados, me encaramo en la nostalgia de la cinematografía del gran Hollywood para librarme de tener que teclear sobre el insulso Chaves, el huido Griñán y Pedro, oh Susana, que prometió transparencia clara y guerra a la corrupción.

            Se nos ha ido una mujer divina y nos quedan unos cuantos pillos de poca monta que no saben ni fumar.

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