viernes, 1 de agosto de 2014

La auténtica



             De todas las parábolas contenidas en el libro que parece narrar las andanzas de Jesús de Nazaret, ninguna como la del “mercader de perlas”, ya saben, la pequeña historia del agente comercial ocupado en la venta y compra de perlas que, un día cualquiera, se con la auténtica y contento y entusiasmado vendió todas las que tenía para adquirir la del hallazgo.

            En el campo del amor este ejemplo es fácilmente comprendido por los que aman, una muy rara especie en riesgo de extinción. A veces hombres y mujeres andan entretenidos en la búsqueda de la otra o del otro, y van encontrado en su camino persona iguales. Un día, porque sí, no existe más explicación que esas, se encuentra con el otro/a que no forma parte del collarín de personas idénticas, y todo se hace fiesta.

            En otros sectores, valga la poesía, nos entregan poemas-fotocopias de un mismo original con el tipo de letra algo cambiado y pasan de largo como una especie de silbo sin roce de hojas, de vida. En ese recorrido diario por la lectura poética, un día algo abre  la intimidad de la puerta de la conmoción y se produce el milagro, la poesía se ha hecho presente. A mí me ocurrió hace años leyendo “Sagrada forma” de Antonio Hernández.

            En política es bastante más difícil toparse con la perla auténtica, quizá porque dicha actividad tiene bien poco de poesía y nada de amor. Además, están los otros mercaderes de la cosa política parece hacernos ver que lo que parece relucir como auténtico y verdadero es simplemente una baratija para ser arrojada al cubo de la basura.

            Estimo que una de las misiones más importantes a realizar por hombres y mujeres es la constante búsqueda del ser diferencia, no clónico, que pueda aportarnos la ilusión de que la felicidad es posible y distinta a lo que el común general del gentío piensa.

            Ser feliz con el otro al encontrar la auténtica perla y vivir si que nadie perturbe el milagro del  hallazgo, debe ser la más maravillosa de las tareas a que estamos abocados.

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