miércoles, 27 de agosto de 2014

El Jamón, la "Pastora", la cajera y seis mecheros



Hace un par de días que “la pastora” se cayó de la cama y se fastidió el brazo de mala forma; sin pensarlo fuimos a urgencias y un galeno nos dijo que estimaba que no había fractura y que el golpe había sido limpio, aunque yo veía que tenía el color de la mora.

            Esta noche la “pobre” lo ha pasado mal, muy mal, por lo que decidí llevarla otra vez a urgencias de La Antilla. Dicho y hecho, subimos al viejo Toledo y aparqué el coche al lado de un supermercado de la famosa cadena “El Jamón” que se encuentra a la vera del Centro de Salud.

Hasta ahí normal; nos atendió amablemente la doctora Marina de la Casa que nos aconsejó que para mayor tranquilidad la “pastora” debía hacerse una radiografía A.P. del hombro izquierdo, hecho que intentaremos realizar mañana en el pueblo de Lepe.

            Al salir fuimos a coger el desvencijado Toledo y caí en la cuenta en había un funesto papelito en el limpiaparabrisas, o sea: multa al canto por haber aparcado en zona azul. En la papelina había escritas unas instrucciones para que, bajo un precio módico, no existieran más tarde problemas de multas que, por despiste de uno, puedan llevar a un embargo. Me aproximé correctamente, no como la Aguirre, al encargado de poner orden en la zona de aparcamiento y me recomendó anularla, para ello solamente era necesario conseguir ocho euros en monedas.

            En una misma mañana encontrarse con dos personas amables no deja de ser un auténtico milagro, la “pastora” se quedó con Juan, así se llamaba el buen hombre, mientras yo encaminé como pude mis torpes pasos hacia “El Jamón”.

            Guardé cola y cuando me tocó el turno, con la cara más amable que puedan ustedes suponer, le dije a la linda cajera: “por favor, señorita, me podría cambiar este billetillo de diez euros en monedas de un euro”; “NO, contestó”.

            Mire…”, intenté explicarle; pero no me dio tiempo porque de sopetón me contestó: está usted interrumpiendo el desenvolvimiento normal de mi trabajo”. Ni me inmuté, miré a la izquierda de la fea cajera, ese lugar donde cuelgan pilas y otras cosillas, y tomé, sin perder el turno, un paquetillo de tres mecheros por el precio de 1,75 euros.
           
            Cobre, por favor”. Así lo hizo, pero la vuelta que me dio fue 3,25 euros y un billete de 5 euros; por favor, la comenté, no sea usted traviesa y concédame el privilegio de cambiarme el billetillo en monedas. Nada de nada, la muy ladilla se negó; alargué otra vez el brazo y tomé otro paquete de tres encendedores.

            - ¿Y ahora?

Ahora, sí”, dijo la bruja ladilla. El público reinante rompió en aplausos a mi persona, a los que correspondí inclinando la cabeza.

            El bueno de Juan arregló el asunto de la multa, la “pastora” irá mañana a hacerse su bella radiografía y yo, durante el día de hoy, prometo por Dios, escribir un romance de la maldita musa cajera para regocijo de ella que lleva camino de convertirse en Directora General de Supermercados “El Jamón”.

            Romance que, para honor de Supermercados “El Jamón”, lo haré llegar al máximo responsable.



2 comentarios:

  1. Tío, a pesar del percance sufrido por la tía, te confieso que he soltado una carcajada en el autobús mientras leía este copo. Anda, dale un beso a la tía de mi parte y que se mejore.
    Salva.

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