lunes, 25 de agosto de 2014

Como muñeco de trapo

Silba el viento en esta extraña noche, y su lamento es el lamento de todos los quejidos de las almas tristes.

         Silba el alma que destroza mi cuerpo y se inicia un intento de escape de todas mis aflicciones que se conjugan en un ¡ay! de dolor inconmensurable.

         Noches extrañas las noches de este extraño tiempo que transcurren con amarga lentitud.

         No existen luces en el horizonte para iluminar todo el torrente de oscuridad viviente que se presenta ante mí.

No existe ni el más suave soplo que pueda germinar felicidad.

         Todo es rincón oscuro, cerrojo enmohecido, arista cortante, negro candado cerrado y sin llave que impide a la libertad ser puerta batiente.

         Nada espero: ni tan siquiera quietud; es una tristeza dinámica que va abarcando todo mi ser.

         Y cuando el negro monstruo intenta oprimir al amor, a la sonrisa naciente o a la libertad que emerge, todo se rasga y rompe.

         La quiebra es total. Me rompe en dos y tritura la parte que camina hacia el abrazo y fortifica la debilidad de que nada es posible.

         Sin fuerza, como “muñeco” de trapo con corazón de hombre, voy siendo comprimido hasta que cualquier día de una noche del ya cercano otoño, el débil corazón estalle y cubra de rojo el trapo que lo envuelve.



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