sábado, 2 de agosto de 2014

Buscando a Pessoa



         Ya tengo casi todo preparado para volver mañana, si el viejo Toledo lo permite, al lugar “Donde el viento silba nácar”, aunque en este montón de libros que me posee sigo buscando “Libro del desasosiego” de Fernando Pessoa, ese lamento interno que leo y releo del mejor escritor del pasado siglo; cuestión personal.

            Deshojado, ajado y subrayado debe estar entre los libros que escondo en el fondo del precipicio del alma, pero prometo no moverme de casa hasta que no dé con él. Y el detalle es que anoche estuve dándole un periplo rápido a esas meditaciones esenciales del contable Bernardo Soares, compañero mío del alma en tantas y tantas ocasiones.

            El resto está preparado, desde el omeprazol al zarator pasando por el zolpidem, pero es imposible encontrar lo que me da vida cuando en la vieja terraza sagrada donde el ficus asoma, o sea, Pessoa y su extraña y difícil forma de escribir y de combinar palabras sin aparente sentido alguno.

            Lo acabo de divisar en la última columna de libros amontonados en la izquierda de un mueble que contiene libros en perfecto desorden; lo recojo, limpio, mimo y beso.

            Lo abro y leo a la primera: “Recibí el anuncio de la mañana, la poca luz fría que da un vago azul blanco al horizonte que se revela como un beso de gratitud de las cosas. Porque esa luz, ese verdadero día, me liberaba no sé de qué, me daba el brazo de la vejez desconvidad, hacía fiestas a la infancia postiza, amparaba al reposo mendigo de mi sensibilidad robosada…”

            Ya lo he guardado junto a dos de menor enjundia, pero que son pequeños canarios de poesía que harán desaparezca la tristeza con que el luso me traspasará un día y otro y con el que paso la mayor parte de mi tiempo libre.

            Ya marcho, pero me quedo aquí: en este pequeño espacio de dolores y alegrías que sabe de ti y de mí, de tus cosas y las mías, éste es mi auténtico espacio de complicidad con lo que escribo que nunca nadie sabrá, ni yo siquiera, si es cierto o incierto, si realidad o sueño, pero que es mío y a nadie robo.

            Me voy, pero me quedo con vosotros y vosotras porque las palabras seguirán borbotando ficciones y crudas realidades.


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