martes, 19 de agosto de 2014

Antonio Andrada


Anoche terminé tarde la dura labor de pasar las veinticuatro horas del llamado día; casi creo que tuvo cuatro horas de más debido a la charanga de algún que otro mojito que regó mi carcomido medio estómago y claro, hoy bajo las alucinaciones de ayer no encuentro nada que pueda interesar a algún que otro adicto lector o lectora, así que voy a escribir una serie de vivencias que he tenido con mi amigo Antonio Andrada, maestro, militar, empresario, cazador, pionero de La Antilla, manitas y un gran corredor de fondo, a pesar de sus más de 80 años de edad, a la hora de perseguir de forma estratégica el seis doble para liquidarlo de manera noble o sádica, según a quien.

            Esta mañana de madrugada, o sea, a las doce del mediodía me encontraba colgando en Fb un poema titulado “Elegía andaluza”, cuando desde el ficus que se alimentaba del espléndido sol escuché la voz de Antonio gritando ¡Pepeeee¡

            Acudí a la sagrada terraza y allí estaba para lanzarme un “cliper” de un servidor que había repuesto de gas, pues ayer al intentar encender mi mechero cayó en la cuenta que no encendía y, sin mediar ninguna petición por parte mía, lo cogió y me dijo que mañana, por hoy, me lo cargaría; la palabra de Andrada viene a ser, salvando las distancias, parecida a la de Dios.

            En el buen sentido de la palabra, no sé en el “malo”, le mete mano a todo, sea ese todo; reparar un problema eléctrico, colocar a su manera una puerta desencajada, poner en condiciones una cerradura, conseguir que una cisterna funcione (por cierto saben ustedes lo que es la fuminalla, palabra que he aprendido de él), conseguir la mejor pieza de jamón al precio más asequible o tomarse por la mañana una “pantera blanca” o palomita para matar los bichitos de marra sin el más leve pestañeo.

            Con él he conocido la provincia de Huelva palmo a palmo en excursiones que hemos realizado año tras año y en las que engordábamos el colesterol de forma indiscriminada; ninguna de ella como la que hicimos a Paymogo, un lindo pueblo acariciado por el Guadiana y donde degustamos, mejor sería decir devoramos, el mayor plato compuesto por huevos fritos, chorizos, papas, jamón, pimientos y un largo etcétera, y como final unos exquisitos y únicos gurumelos.

            Resumiendo: Antonio es un hombre que posibilita la felicidad de los demás sin nada a cambio. Ya me conformaría, incluido el menda, que todos y todas fuésemos posibilitadores de amor, felicidad, tolerancia y concordia.

            Gracias Antonio, y perdona si en más de una ocasión te cazo el seis doble siguiendo el método de la Axarquía.

Chapeau, amigo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario