domingo, 20 de julio de 2014

Mujer y hombre

          Estoy asistiendo estos días a la lectura, por mi parte, de escritos sobre la mujer y el hombre o viceversa y siempre ha sido un tema que he eludido por lo discutible que es, cree un servidor; pero hoy por no volver a la mandanga de la política o a al milagro del amor, y porque no quiero diñarla sin dar mi opinión, voy a realizar algunas reflexiones particulares sobre lo que pienso del tema, tan escabroso para tantos y tantas.

            Creo que somos iguales, pero totalmente diferentes. Iguales porque somos personas y distintos porque somos diferentes sexos que se complementan para conformar una pareja, ya sé que existen otras de igual sexo, pero yo me refiero a la tradicional.

            Otra cosa muy diferente es que esa igualdad sea hoy totalmente una realidad social, todavía en ese aspecto queda mucho camino por recorrer aunque algo se ha conseguido.

            La mujer lleva en sí misma incrustada el instinto maternal, lo que le hace creadora y garante de que la especie humana no desaparecerá. El hombre es un ser más primario que la mujer, lo que no quiere decir que sea un borde que trata a ella como algo cosificado; los que esos hagan no deben ser tratados como tales, sino como primates.

            Somos, mujer y hombre, seres complementarios; al menos yo tengo a la “pastora” con la que convivo como mi complemento y viceversa. Ambos hemos trabajado laboralmente en la misma profesión, hemos cobrado lo mismo y hemos tratado a nuestros alumnos con respeto y cariño, pero para “mi” mujer la chavalería eran una continuación de ella misma y para mí, alumnos a los que debía de educar e instruir. Y los mismos chavales, por lo menos en aquellos tiempos de maría castaña, nos trataban de forma totalmente distinta; con más cariño a ella, tal vez porque veían la figura de sus madres, ¡oh las madres!

            Por más que algunas asociaciones se empeñen en la total igualdad, puedo asegurar y aseguro que a las niñas les gusta más una muñeca que una pistola de juguete; desde su más tierna edad, salvo raras excepciones, las pequeñas juegan a ser madres, mientras los niños, al menos en los pueblos, siguen bailando el trompo o haciendo “burradas”.

            Prefiero una mujer a un hombre, no ya por lo que puedan imaginar los y las más retorcid@s, que también, sino porque en la mayoría de ellas hay algo incrustado que me hace más persona, completo y feliz: es su ternura, tal vez es que recuerde demasiado a la que le debo la vida.

            Soy de los que me alegro, lo digo a plena luz y a grito vivo, de que la mujer y el hombre no seamos iguales, sino que siendo dos seamos uno.

            Ea, ya me he quedado más tranquilo.


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