viernes, 18 de julio de 2014

Extraño día



           Cuando alguien, supongamos que un servidor, dice o cree que el día ha transcurrido de una forma extraña, qué querrá decir me pregunto.

            Usted que es buen amigo o amiga puede suponer, y no le faltaría ni pizca de razón, que ha tenido un accidente o que se ha topado de repente con un amor que creía desaparecido o que se ha encontrado a sí mismo o que ha decidido, aunque le cueste tela, que ya está bien de vivir un mimetismo fatal hasta el último día de su existencia.

            En fin, que ha ocurrido algo extraño capaz de trastornar los parámetros oficiales en que se mueve este pseudomundo al que estamos acostumbrados al intentar supervivir para que todo transcurra con aparente normalidad.

            Pues no, si pensaran  de esa forma estarían en la antípoda de la auténtica normalidad, o sea, la de vivir cada día como un espacio de tiempo totalmente diferente al lejano ayer, ese tiempo que puede convertirse, y de hecho lo hace, en un desierto sin posibilidad de encontrar un arrullador oasis en el que descansar por unas horas y seguir caminando como si tal.

            Así que hoy, por determinados problemillas de poca monta, acudí a una cita médica -ya podía ser otra clase de cita, esa que usted y yo pensamos en estos instantes- y el galeno me introdujo, previa medicación que todo lo puede remediar, en la posibilidad -digamos que improbable- que estos últimos años de existencia pueden mermar más de lo apetecido.

            Ante la fatal noticia, pero posiblemente probable, el que escribe y suscribe, un ciudadano del montón, se ha rehecho y ha hecho frente al diagnóstico mediante la ingerencia de algún que otro JB que han conseguido ponerme el mundo por torera y hacerle frente de forma noble, normal y sin paliativos que adormezcan este mundo, fatal en toda su extensión, al que amo y del que me cuesta trabajo desprenderme.

            De manera que me he venido a mi psicoanálisis particular, escribir lo que siento, para pregonar por todo tiempo y lugar, especialmente por los mares que a través de sus caños cubren mi adorada marisma que me llevan al Puerto del Terrón que os amo, os cubro y espero de vosotros y vosotras sepáis comprender que la vida es un tránsito que nos lleva a lo ignoto, que por desconocido, debe ser admirable y admirado.

1 comentario:

  1. No he entendido bien, que es lo que puede mermar en estos últimos años. Por favor aclaralo, me he sentido muy inquieta

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