domingo, 27 de julio de 2014

El honorable



            Ando esto días de preparativos para ponerme a la sombra del ficus, pasear durante el ocaso por la playa “donde el viento silba nácar” y pasar unos días aburrido por propio deseo; pero no es cosa fácil el llegar a conseguir tal finalidad, pues tengo que transportar una cantidad de nimiedades de todo calibre: el lápiz poético, la pluma íntima, el teclado, el móvil y su cargador, este libro y el otro, medicamentos a porrillo, gafas de todo calibre, recetarios, el carné de identidad, el de conducir, el de la compañía de seguros etc., pues cualquier olvido supone un descalabro fatal en este jodido espacio de tiempo que llaman vacaciones. Y para más inri tengo que introducirme en el viejo Toledo de veinte años renqueando y jugármela para recorrer 450 kilómetros, que para un servidor no es tarea fácil por eso de la ataxia de Charcot.

            Dura confesión la mía, lo reconozco, y por ello caigo en la cuenta en lo que debe haber sufrido la familia del Honorable Jordi Pujol, y él mismo, para tener que haber roto el silencio desde que, más o menos, Juan Carlos I le dijera cuando lo de Tejero aquello de “tú tranquilo, Jordi”.

            El “pobre” anciano, aquel de Banca Catalana, ha pedido perdón al pueblo español, al catalán y al personal de Convergencia por haber tenido, en el más absoluto de los silencios, un buen montón de calderilla en Andorra, o sea, a la vuelta de la esquina de su casa, y no haber pagado al fisco una peseta o un euro por semejante tropelía.

            Qué habrá pasado por la chorla de Jordi para que sea en este justo momento, días antes de que Mariano y Artur se vean para tratar si desgajamos a España en dos partes o no, para que el honorable vomite semejante ignominia.

            Me tengo por bien nacido, de manera que un servidor le otorga el perdón solicitado con la condición de que pague todo lo que debe de lo que se sabe y de lo que está por descubrir, pues lo de Andorra se prevé como el principio de una chorizada de mucho cuidado sin contar el negocio de las ITV que presuntamente uno de sus hijos machacaba en beneficio propio.

            No le den vueltas al asunto, esto es la “casta” en estado honorable y purísimo propia del seny catalán.


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