viernes, 18 de julio de 2014

Brindemos



          Lo venía presintiendo. Es de esas cosas que salta a la buena vista: el color sonrosado de la piel, sonrisa abierta, cierta tripilla sin llegar al “michelín”, escasa o ninguna ira y sentido del humor, mucho sentido del humor son algunos de los atributos del buen catador y bebedor de vino.

            Ahora nos llega K. Slowing, entre otros científicos del país que promulgó la más indeseable de las leyes, la Ley Seca, y nos comenta que, además de los consabidos beneficios que para el corazón tiene una copa de buen vino, en las entrañas de la uva negra, la buena, se halla el Resveratrol, una sustancia que nos salva de ciertos padecimientos que mejor ni nombrar.

            El nombre no tiene nada de bonito ni por fuera, pero la noticia es una de las más alegres y de mayor alcance producida en lo que va de año.

            Si nuestros políticos, todos, los de la casta y los otros, en vez de buscar fórmulas para brearse los unos a los otros, ejercitaran con frescura y premura los resultados del descubrimiento de Slowing otro gallo nos cantaría, o sea, dicho de otra forma, si tomaran sus copas de buen vino, la maldita manía de estar siempre con la fusta en la mano iría desapareciendo; hasta las trémulas caras de cazadores de los otros iría dando paso  a rostros de felicidad insospechada.

            Ya por el siglo XIII, nuestro ilustre Gonzalo de Berceo, riojano, o sea nacido en tierras de buen vino, el que cantara a la Virgen de todas las maneras posibles, dejó escrito aquello de “bien valdrá como creo un vaso de buen vino”.

            La noticia, pues, es de tal magnitud que todos y todas deberíamos alzar la copa y brindar por ella, por la noticia. ¿Se imaginan ustedes una España en torno a una buena botella que nos anime a soportarnos unos a otros?

            Brindemos y bebamos que con el vino nos salvamos; eso sí, con moderación y buen hacer, porque el hígado no perdona. Se ruega a los abstemios y abstemias no contesten a esta alabanza o los que pudieran creer que este “copo” es una clara incitación al pecado o a machacar la salud.



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