sábado, 5 de julio de 2014

A las mariscadas



          Tras caer en la cuenta que algunos de mis antiguos camaradas de FETE-UGT celebran sus reuniones y primeras comuniones “en las mariscadas” en lugar de “en las barricadas”, me dije que hoy debería seguir su ejemplo y diecinueve miembros honorarios del bar Gran Vía debíamos seguir sus consignas y nos encaminamos a la divina “Peña Puerta Blanca de Málaga” con el fin de degustar lo que sigue a continuación por el módico precio de 30 euros.

            El menú consistió en lo siguiente:
a) Unos magníficos calamares cocinados con papas a lo pobre que estaban de rechupete.
b) Sabrosos boquerones en vinagre que, congelados con anterioridad para matar a unos bichitos que se las traen, se convirtieron en un manjar que Felipe VI y doña Leticia no han saboreado en cualquiera de sus melancólicos bucles.
c) La bomba, a saber: sencillos mejillones, esos milagros malagueños llamados conchas finas, gambas blancas, cigalas a porrillo y una pata de auténtico cangrejo ruso, no sé si comunista, que a un servidor le supo a gloria bendita.
d) Todo regado con un rioja normalete o rubias cervezas más frescas que una brisa de levante en la esquina malagueña donde confluye el levante con el antiguo hotel Málaga Palacio, y tras dicha atragantada un güisqui, o dos, y cualquier bagatela de ron o cosa parecida.

            La verdad es que he pasado una tarde maravillosa tras protegerme por la mañana con un comprimido de Zyloric 200 mgs, y decía que ha sido maravillosa porque como un día me comentó el maestro Manuel Alcántara: “Pepe, siendo importante lo que comes, lo es más con quién lo comes”. Y yo estaba rodeada de gente sencilla y maravillosa, entre ellas mi querida “Pastora”, que no buscan a las cigalas más de dos patas, sino exclusivamente las que tienen.

            Al estar relativamente cercanas las próximas elecciones se encontraban por el lugar, la citada Peña, ciertos políticos locales para hacerse ver entre el pueblo sencillo, lo veo lógico. Me conocían y los conocía, por los que nos besamos -eran damas, que conste- y charlamos sobre la importante que es pasar un buen rato.

            Les cuento esto, además de porque me da la real gana, porque sé que ustedes, los amigos y amigas, se alegrarán de este sencillo y noble desvarío; mas si algún lector o lectora no se considerase partícipe de mi amistad no dude en decírmelo, y a la siguiente invito y pago.

2 comentarios:

  1. Pedazo de homenaje, y pedazo de foto! Que aproveche jejeje.
    Un besote Maestro.

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  2. Gracias, querida Magda. Besos.
    Pepe García

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