lunes, 23 de junio de 2014

"Porquesí"



           
            Escribo “porquesí” que, por cierto, es una de las razones más importantes para hacerlo. Se ama, oh milagro, “porquesí” y por el mismo motivo, se puede hasta odiar; a veces no existe razonamiento lógico para explicar determinadas situaciones vivenciales que nos rodean, y creo que tampoco es bueno estar dándole vueltas al coco para buscar causas y más causas que den respuesta a una situación anímica.

            Claro es que el columnista se debe a su posible público lector y no al contrario, ya que entonces estaríamos invirtiendo el orden lógico del hecho de escribir que no es otro que intentar crear una opinión que vaya horadando la coraza que cubre a la sociedad bajo la batuta objetiva del que coordina ideas mediante palabras; pero si el escritor va dando rienda a sus sentimientos se invierte la causa primordial del acto de verter palabras, o sea, es el escritor, y no el lector, el sujeto primordial de la posible intercomunicación entre el emisor y el que debiera ser receptor.

            Deseo huir de esta blasfemia en la que estoy permaneciendo durante unos días, quiero decir ese pecado de dar cauce a mis propios sentimientos y convirtiéndome en protagonista de lo que escribo; pero qué hacer si todo lo que se mece a mi alrededor me convierte, sin quererlo, en un muñeco que no sabe salir del propio torbellino que me envuelve sin posibilidad de salir de él.

            Ah, sí¡ podría escribir sobre el honor que ha salvado la selección española de fútbol, la llamada “roja”, por  vencer a Australia en un partido de consolación; pero no cabría, quiero creer, mayor majadería. Pues no, existe otra mayor, a saber, la intervención de Pablo Iglesias en el majestuoso Hotel Ritz delante de toda la casta de la que él abomina al igual que nosotros, pero cualquier crítica al respecto sería tomada bien por unos y muy mal por el resto; y además, dicho sea de paso y para no mentirles y no engañarme, me importa un comino su paso por el alfombrado del citado hotel.

Lo importante para mí es este sencillo poema repleto de amor que me he encontrado a la vuelta a casa, y que dice así: “El polvo de todos los versos duerme./ Sobre las letras, la fina capa de una bruma de lágrimas./ Hoy estás triste/  Y no encuentran mis manos sedas sobre las que calmarte/ Pulso las teclas en el intento suave de entregarte palabras que te acunen/ Pero todas las letras se esconden/ Tan solo un símbolo aparece en mi pantalla./ Aquí te lo dejo/…/ Creo que tú sabrás descifrarlo”

Pues ni intento descifrarlo, sino que lo leo, lo asimilo y lo mastico palabra a palabra. Y es que ese poema, cuya autora silencio, es quien ha escrito esta columna.

Sabes la causa?, pues porquesí. Sobran más palabras.


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