martes, 17 de junio de 2014

Marear la perdiz



            Una vez que España juegue su trascendental partido con Chile tendremos la “coronación” de Felipe VI al que Dios le otorgue la misma salud que a mi vecino del quinto.

            A lo que no hay derecho, aunque hay gente para todo, es que el personal del juvenil “Podemos” de Pablo Iglesias, al que Dios le otorgue la misma salud que a mi vecino del cuarto, haya solicitado una manifestación de tinte republicano a la misma hora que el acontecimiento regio, pero a la contra, o sea, en plan de choque de trenes.

            No está el horno para bollos, pues auque en el Mayo parisino del 68 los jóvenes estudiantes gritaban aquello de “pidamos lo imposible” o “que nuestros sueños sean sus pesadillas”, el personal de “los círculos” sabía muy bien que Cristina Cifuentes, Delegada del Gobierno de España en Madrid, no iba a consentir que durante el recorrido que va desde el Congreso de los Diputados al Palacio de la Zarzuela los españoles de uno y otro bando, republicanos y monárquicos, la emprendieran a banderazo limpio entre ellos y entre quienes se interpusieran entre ellos.

            Ya es gana de armar la marimorena; tengamos la fiesta en paz y en silencio y no agüemos la traca nosotros mismos aunque seamos la leche. No tengan prisas, yo no lo veré pero un día Leticia y su marido llegarán a la conclusión de lo anacrónico de su estado y comenzarán, al igual que usted, a ir a ver una buena película y a disfrutar de la vida en vez de estar sirviendo a unos y otros y riéndose sin ganas.

            Entonces llegarán los aventureros que nos harán ricos y acabarán con los pobres y esto, España, será un paraíso de verdad, como Francia o Corea del Norte o como Cuba y los Estados Unidos de América y todos, incluidos mis vecinos del 4º y del 5º se darán las manos y seremos felices y comeremos perdices gracias a las inteligencias de Cayo y Pablo.

            Pero por favor, en estos días que nos jugamos el honor ante Chile y podríamos vivir una especie de cuento de hadas seamos normales, pues tampoco es mucho pedir que sin ser vencedores o vencidos vivamos en paz a la espera de que todo esto se arregle y a la “casta”  se incorporen los que lo están deseando aunque lo disimulen.

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