viernes, 27 de junio de 2014

La ciudadana Magdalena



            Magdalena Álvarez ha dimitido de mala forma de su puesto de Vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones, pues se ha ido echando sapos y culebras contra el PP y el gobierno de España.

            (Permítanme un inciso, un servidor ha sido descabalgado, digamos que de manera extraña, de la Presidencia de la Asociación Colegial de Escritores de Andalucía, sin saber todavía la causa a no ser que sea esa que pulula por ahí de que soy muy crítico en mis columnas periodísticas con ciertas actuaciones de la Consejería de Cultura, y que ésta pidió mi cabeza servida en bandeja de plata si la cúpula de la Asociación deseaba recibir algún que otro beneficio de la Junta, hecho que no creo cierto, sino que ha sido la ambición de algunos y la tirria de “la chica de Granada” hacia mi persona las culpables de tan luctuoso hecho para mí; y aunque no hay dinero por medio, sin embargo me he sentido herido de muerte en mi dignidad, herida, dicho sea de paso, que aún no ha cicatrizado).

            De manera que, en parte, comprendo el berrinche de la vice por largarse antes de que le den el cese. Todo este tinglado de la ciudadana Magdalena viene por la imputación que la juez Alaya le ha endilgado por el caso de los EREs fraudulentos andaluces y por el pastón que le ha colocado la justicia como medida precautoria; decía que en parte la comprendo, parte mínima, pues ha salido con su futuro asegurado hasta el fin de sus días, que Dios quiera sean infinitos para que disfrute de él con su jubilación.

            De momento dicha ciudadana, perteneciente a la casta según don Pablo el europarlamentario, se va del Banco cobrando 10.000 euros mensuales hasta su jubilación en 2017, cantidad que le otorga una cierta confianza y seguridad en que la manduca no le va a faltar, y a partir de esa fecha, cobrará 4.000 euros mensuales y una cierta cantidad por haber sido Ministra del Gobierno de España.

            A todo ello sumará sus bienes hoy intervenidos por mor de los famosos y eternos EREs, pues creo que saldrá libre de culpa de toda esta prosopopeya que se libra en la casi eternidad de un sumario que parece no tener fin.

            Hay que ver la bicoca que me perdí cuando el entonces Presidente de la Junta de Andalucía, Rafael Escuredo, solicitó de mí que fuese Asesor Personal de él en temas de andalucismo y yo, utópico y tonto de mí, le conteste que “ni hablar del peluquín”.


           


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