miércoles, 18 de junio de 2014

Días de vino y rosas



          Jack Lemmon y Lee Remick interpretaron, allá por 1964, una de las mejores películas que sobre alcohol y amor ha sido rodada en el cine, si alguna vez tienen la posibilidad de contemplarla no se la pierdan y si solamente la han visto una vez no duden en repetir ese film en blanco y negro, dramón real de cómo el alcohol engancha y destroza al ser humano en el momento de llegar a un ataque de delirium tremens.

            Sólo el reconocimiento de ser un enfermo, alcohólico en este caso, puede llegar a salvar a la persona de caer en el infierno de lo insalvable; magnífica, porque fue la primera vez que se visualizó en cine, la labor de la llamada Asociación “Alcohólicos anónimos” que, sin más ayuda que la suya propia, basada en el diálogo y en el afán de superación, ha salvado y lo sigue haciendo a tantas personas del encadenamiento al alcohol.

            Salvando las distancias, estamos asistiendo durante esta rabiosa actualidad a unos días de rosas y de vino en esta España en la que transcurre nuestra existencia a caballo entre lo sublime y lo absurdo, tanto en el apartado político como en el deportivo, más en  concreto en el fútbol.

            Los españoles en su gran mayoría esperan ansiosos que de aquí a unas pocas horas España salve su honrilla venciendo a Chile en ese deporte de masas en que veintidós hombres corren tras una pelota para introducirla entre tres palos, mientras mañana, si Dios quiere y el personal no lo impide, asistiremos con vergüenza, no sé si torera o no, a la puesta en escena de la toma de posesión de un nuevo Jefe de Estado personalizado en la figura de Felipe VI.

            Son días de vino y de rosas los que nos esperan mientras Del Bosque intenta hacer una estrategia para salir airoso del choque con los aguerridos chilenos que también se la juegan, mientras Madrid, la capital del Reino de España, se blinda por tierra, aire y alcantarillas para que todo suceda con absoluta y absurda tranquilidad, y el acto no será retransmitido dentro del Congreso por TV1 por una huelga de trabajadores, aunque pueda ser visualizado por los servicios televisivos de la propia Cámara Baja.

            Mientras los mandamases internacionales asisten al dulce peloteo de intentar ver un gol, nosotros asistimos como avergonzados a un momento crucial de la Historia de España porque cinco o seis chavistas españoles así lo desean.

            Ellos sí que son la auténtica casta.


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