lunes, 16 de junio de 2014

De la Torre: se va y se queda



          Así que tras dos días de un inmaculado tedio que me impedía realizar cualquier acto que supusiera ganas de hacer algo y tras dejarme llevar esas cuarenta y ocho horas por el columpio de la espera inoperativa de que algo podría ocurrir en mi interior y dispuesto a cualquier cosa menos a seguir existiendo, retomo este afán ineficaz de narrar algo que pueda interesar a cualquiera de mis lectores porque a mí, la verdad sea dicha, viene a importarme bien poco.

            Pues bien,  resulta que el actual alcalde de Málaga, Francisco de la Torre Prados, aquel que hace treinta y cinco años me convenció para formar parte de las listas de la extinta UCD, a la que accedí con ilusión y decencia y de cuya formación fui el primer secretario provincial de Málaga, y con él y con un grupo de personas que se embarcaron en dicha aventura y cientos de miles que votaron una transición en paz, tuve la suerte o la desgracia de obtener acta de Diputado Nacional, o sea, personaje perteneciente a la “casta” que diría el actual Pablo Iglesias y que vino a cambiar mi vida totalmente dejando a un lado otra serie de labores más íntimas.

            Ahora resulta que el bueno de Paco de la Torre anuncia hoy que volverá a presentarse para hacerse nuevamente, a los setenta y dos años, la vara mayor de este pueblo que todo lo acoge y todo lo silencia, al tiempo que en pocos días renunciará al acta de Senador de la que goza en esta legislatura.

            Hace muy requetebién en los dos hechos, pero esencialmente en quedarse para salir de Alcalde y demostrar que a esa edad no se es un provecto inservible, sino un hombre con capacidad de seguir sirviendo a los demás como él, y muy pocos más, sabe hacerlo, al tiempo que seguir siendo instrumento útil en esta sociedad que apuesta por lo joven y olvida la enorme cantidad de experiencia que se puede aportar a los demás.

            Vaya pues mi enhorabuena para todos aquellos que no quieren dejar de ser para convertirse en ancianos aburridos que buscan una copa, una partida de dominó o media docena de pastillas para combatir el fatal tedio.

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