viernes, 20 de junio de 2014

De ayer a hoy



         S.M. el Rey Juan Carlos I sancionaba el 29 de diciembre de 1978 en sesión solemne en el Congreso de Los Diputados la Constitución Española que, previamente, había aprobado el pueblo español el 6 de diciembre el mismo año, dando fin a una Cortes que han pasado a Constituyentes en el transcurso de la historia. S.M. el Rey Felipe VI acataba el 19 de junio de 2014, ayer mismo, la misma Constitución que su padre Juan Carlos había sancionado tan como se afirmaba anteriormente.

            Un periodo de 36 años separa una fecha de otra, y en ese periodo de tiempo han pasado numerosas cosas en España, en sus habitantes, pueblos y comunidades; al menos en mi persona.

            Sin prever y, tal vez, sin saborear lo que estaba aconteciendo a mí alrededor, fui testigo directo, por tanto persona privilegiada, del primero de los acontecimientos, o sea, de cómo la misma persona, el mismo Rey que había jurado los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional hacía lo mismo al poner su firma a la voluntad del pueblo español expresada en las urnas para aprobar la Constitución de 1978, llamada del “consenso”, y que había supuesto un dejarse cada español algo en el camino hacia la democracia plena para conseguir que las dos España, la vencedora y la vencida en la guerra civil española, intentaran y, de hecho, consiguieran marchar hacia delante en la consolidación de una plena democracia.

            Cuando ayer, día 19 de junio de 2014, contemplé en Televisión que el nuevo Rey Felipe VI acataba y asumía aquella Constitución como garante de la democracia real de España caí en la cuenta de que no fue tan malo y perverso que un grupo de hombres y mujeres, muchísimos más hombres que mujeres, no lo habíamos hecho tan mal en aquella I Legislatura que abarcaba los años 1977 y 1979 al intentar conseguir, con sus luces y sombras, la convivencia en democracia de los habitantes de esta nación de todos y todas, diversa pero una.

            Y es que desde hace un cierto tiempo, unas veces en broma y otras en serio, he sentido el peso de que aquello que hicimos vencidos y vencedores para conseguir que la paz y la democracia reinaran en España había sido una traición e imposición a los sentimientos de cada uno de los ciudadanos que  conformábamos aquella sociedad de los años 70 del pasado siglo.

            Tiempo tendremos para analizar lo que desde hoy habrá que cambiar en España, pero permítanme decirle que el benjamín de cava con el que brindé ayer en la soledad de mi hogar iba acompañado de la seguridad de que hicimos lo mejor que se pudo lograr en aquel momento por España, aunque mi hija, por razones de edad, no pudiese votar la Constitución que ayer prometió cumplir el Rey Felipe VI.


           

No hay comentarios:

Publicar un comentario