martes, 3 de junio de 2014

Con un pampero en la mano



          La abdicación del rey Juan Carlos I, la visión de Estado de Rubalcaba, la puesta en escena de Cayo Lara con la bandera republicana tras él y sus propuestas demagogas, la jubilación a los sesenta años que proclama Pablo, el guirigay del PSOE, la cabezonería de Artur Mas, la posible abstención del PNV para votar la Ley Orgánica que se avecina, la inmediatez del Campeonato Mundial de Fútbol, la relación epistolar de Susana, oh Susana, con el Papa Francisco sobre el desempleo juvenil en Andalucía y un par de asuntillos más de poca monta han tirado por el suelo las cifras de desempleo de este junio florido en el que el número de parados ha descendido en 112.000 personas y los cotizantes a la Seguridad Social han aumentado en 200.000 paganinis.

            “¡Es la economía, estúpidos!”, no quedamos en que eso era lo que importaba en este desierto de posibles trabajillos. Pues bien, esos pequeños brotes verdes han realizado algún milagrillo en una miles de personas que han encontrado algo que llevarse a la boca y dejar de mirar los lunes al sol.

            Vamos, que a la chita callando, el gallego Rajoy le puede estar dando un disgusto al de “la coleta” que, por cierto, ha fichado por el periódico El Mundo de Casimiro para irnos rociando de demagogia muy bien fabricada su asalto, democrático se supone, al poder fáctico; de hecho ya pisa moquetas en el Europarlamento.

            Tras lo escrito, debía de retirarme al Gran Vía a tomar un café sentado en la pequeña terraza y a continuación un dulce pampero con fría coca-cola, y esperar: esperar el paseo de bellas muchachas que en este mes se ponen de rechupete y alegravistas para los ya provectos.

            Y lo mejor es que lo saben las muy coquetas, se les nota en la mirada y en la sonrisa que se hace bucle camino del vaso con el que brindo sus buenos talles y su majestuosidad al andar.

            No penséis, pues malhadados seáis si fuese así, que soy un anciano machista, lo que ocurre es que sé contemplar con alborozo contenido el bello paso de la juventud por la vera del que lo fue pues, como dice AVM:sé que más allá de lo que los ojos pueden ver, hay cicatrices, roturas, heridas ya curadas y alegría atesoradas

            Ea, me voy al encuentro de lo joven.



           

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