miércoles, 11 de junio de 2014

Abdicación al canto

             Estoy por asegurar que no más de una docena de personas han sido los osados que se han prestado esta mañana de miércoles a ver, aprehender y sacar conclusiones sobre la sesión del Congreso de los Diputados en la que se sometía a votación si la abdicación de Rey Juan Carlos I era aceptada por el conjunto de sus señorías y golfantes que cobran del Estado español sin creer en él.

            Lo siento por mis amigos y amigas pero un servidor se lo ha entregado enterito tras poner, ayer noche, el despertador a las ocho y media de la mañana, un auténtico amanecer según mis costumbres, para deslizarme por el sillón padre y permanecer toda la mañana y buena parte de la hora del vermouth a escuchar parte de las verdades y sandeces que nuestros representantes han largado sobre esta mañana de variados colores que han pasado desde el rojo al violeta con intersecciones de banderas vascas y citas de Ortega, del cual cada quisque se ha apoderado de los más le interesante de sus citas para su propio beneficio; pobre Ortega manoseado por unos y otros con cortes y recortes de su visión de España.

            Un servidor, perdonen la expresión que no desea ser machista, se ha sentido acojonado cuando determinadas minorías, convertidas casi en antisistemas, la han tomado con los prehistóricos constituyentes de 1978, entre los que me encuentro, y la han emprendido a mamporrazos limpios con nuestro espíritu de consenso; qué sabrán estos nuevos profetas de las penurias que pasamos para que el “malhadado” consenso forme ya parte de nuestra imaginario colectivo.

            Creo que no soy violento, pero cuando el representante pro-etarra de Amaiur ha largado lo indecible sobre nuestrso hechos, yo, en caso de haber sido don Jesús Posada, Presidente del Congreso, hubiese comentado en voz alta: “señorías, por favor, a este sujeto ni caso”, y cuando sacó de su casaca vaquera la ikurriña a un grito parecido a los de “Gora Eta”, hubiese llamado a una pareja de la Guardia Civil para que fuese expulsado del templo de la democracia.

            La Izquierda Unida del señor Cayo Lara es la que se ha cubierto de gloria, es justo reconocerlo en el día del hoy, al votar que NO a la abdicación de Juan Carlos I, o sea, que parece que están contentos y satisfechos con el Borbón en cuestión ya que no desean que se les vaya. De este hecho puede haber distintas interpretaciones, pero la realidad es que lo que constará en el Boletín Oficial del Congreso es su voto y no los colgantes que llevaban en sus solapas.

            En  fin, a pesar de IU, se ha aprobado la abdicación de Juan Carlos I y, por tanto, la sucesión de Príncipe Felipe.




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