domingo, 11 de mayo de 2014

Todo marcha según lo previsto









             “Conchita” logró que la tolerancia, no exenta de buena voz, venciera en el Festival de Eurovisión; los sevillanos y visitantes se han bebido, según los expertos, más de millón y medio de medias botellas de manzanilla y jerez, mientras se encaminan a la Feria del Caballo que mañana comienza en Jerez de la Frontera; las encuestas políticas publicadas en el día de hoy dan por vencedor al Partido Popular en las europeas a pesar de la “santísima trinidad” que ampara a Elena Valenciano, al tiempo que los partidos minoritarios emergidos por la trifulca del cabreo tienden a desaparecer a excepción, lógicamente, de IU y UPyD que, aunque a la baja, según lo previsto hace unos días, mantienen unos honrosos resultados; la liga BBVA adquiere en el día de hoy -mañana ya lo sabremos todos- cotas de épica tanto por arriba como por abajo que aseguran una tarde muy movida con transistor incorporado como en los viejos tiempos, y yo, que a ustedes les importo un bledo, mantengo vivos mis deseos de existencia procuro no caer KO por más que algun@s parecen desearlo; y por último, la moción de censura que el socialista Guillermo Fernández Vara ha presentado al Presidente de Extremadura, señor Monago, no prosperará porque con un gran sentido de responsabilidad IU extremeña se abstendrá.

            Dicho lo anterior debería apagar el ordenador, ducharme en condiciones y quitarme este estúpido pijama que porto y con el que pienso pasarme todo el día, pero no, no lo voy a hacer porque quiero sumarme desde aquí al homenaje que en la Feria del Libro malagueña se le ha dado a la poeta María Victoria Atencia con motivo de haber recibido el apetitoso galardón del Premio Reina Sofía por hacer sublime lo normal, por mostrar un lenguaje de dioses ante pucheros, ollas y bordados y, esencialmente, por poder ser leída sin tener que echar mano al diccionario.

            Y habiendo cumplido con mi misión ineludible de escribir, aunque sea con pijama incorporado, me incorporo a la hinchada futbolística tras escribir un poema y desear que ganen en el fútbol los mejores, o sea, los míos ya que un servidor no está en este mundo para desear el bien de mis adversarios.



           

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