sábado, 3 de mayo de 2014

Teclear









           Esta tarea de teclear día a día, columna a columna, noticia a noticia se está poniendo pesada al máximo y sin fruto alguno, que es lo peor. Cuando digo fruto no me refiero al estipendio percibido o por percibir, sino al resultado de tener que machacarse los sesos a diario para obtener algo original, aunque no esté bien escrito o redactado.

            Y después nos encontramos con la primera finalidad de un periódico, a saber: crear opinión, en la que según los directores de prensa el columnista es pieza básica en el goteo, más aún cuando el goteo se convierte en una auténtica y fluida gotera por escribir casi a diario.

            Lo bueno que tiene es que a cierta edad, la mía desde luego, el maldito alzheimer se retrasa pues la “cuatro o cinco” neuronas que nos quedan andan siempre en juego y se deterioran lo mínimo; sin embargo, hay día que pienso que lo mejor es acabar con este suplicio y que sea lo que Dios quiera; hoy me siento creyente.

            Pues tiene mandanga que tras el saco de columnas que arrastro como puedo no haya cambiado no ya los círculos más próximo a mi persona, sino yo mismo. Hablamos del amor, dignidad, solidaridad y todo un rosario de virtudes y, sin hacerle a nadie la rosca, somos una jauría de lobos, pobres lobos, en la defensa de nuestro estúpido territorio.

            Solamente nos salva un buen libro, o sea, un milagro de los que se dan pocos en la actualidad, y ello, lo que son las cosas, gracias a la guerra civil española que ha sido una cantera para escritores que han chupado de la sangre derramada por cientos de miles de españoles que la cascaron, la mayoría de ellos sin saber por qué y que ha servido de fuente de inspiración, me refiero a la sangre, oh que horror.

            Y viene esto a cuento porque se esté celebrando en esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia lo que llaman la Feria del Libro, ya saben el mercadeo de editoriales en conjunción con la vanidad de los llamados escritores que esperan, horas y horas, la aproximación de un despistado o despistada para que la pareja le haga un clic que sirva para su currículum. Vamos, que me troncho.

            Y además está tan lejos del Gran Vía que creo no llegaré a pisar dicho Mercado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario