viernes, 16 de mayo de 2014

Rojo y azul o azul y rojo



          Nada más atisbar por el rabillo del ojo a los dos “contendientes” me di cuenta que había gato encerrado en el debate que habían pactado PP-PSOE o PSOE-PP.

            Ver a Cañete con una corbata rojo chillón y a Elena con una blusa azul celeste me sorprendió al principio, pero con el paso del tiempo establecido para “guantearse” caí en la cuenta que hasta ese intercambio de colores obedecía a un cariñoso ajuste de cuentas de chicha y nabo.

            Sin que se me tilde de machista, reconozco que Valenciano estuvo más suelta que Miguel aunque a éste se le reconozca una formación superior a la idólatra de su particular santísima trinidad, ya saben: Jesucristo, el Che y Felipe González.

            Como la demagogia suena muy bien en los oídos, no se me caen los anillos al afirmar que me agradó más, en todos los sentidos, la vestida de azul que el tembloroso gordinflón encorbatado de rojo; lo que no quiere decir que un servidor lleve razón, pues últimamente está ocurriéndome que aquellos que veía con buenos ojos me han echado el llamado “mal de ojo” y ando con la vista y la vida estropeadas.

            Con las pocas personas que he intentado hablar del casamiento de PP y PSOE, el grupillo del chato del mediodía, ninguna de ellas había sintonizado TVE-1 para saber de las promesas de los dos principales partidos políticos de España y, por ello, llegué a la conclusión de haber hecho el panoli en la noche de autos.

            A la mayoría de la ciudadanía le gusta la “caña”, y como no formo parte de la selecta minoría quedé defraudado del chato escarceo que el rojo y la azul o viceversa, pues tanto monta y monta tanto un posible intercambio de colorines.

            Una muy delicada insinuación a unos viajes a Suiza y una educada alusión a la vicepresidencia del Banco Europeo de Inversiones fue todo el cruce intimidatorio que se cruzaron los colores rojo y azul.

            Así pues, no será un servidor el que pronuncie las “palabros” Gürtel o EREs para no manchar la pulcritud de esas dos limpias almas a las que sólo faltó se estamparan un par de besos.

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