miércoles, 7 de mayo de 2014

Magdalena, imputada



           La ex consejera de Hacienda de la Junta de Andalucía, ex ministra de Fomento del Gobierno de España y vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones Magdalena Álvarez ha sido imputada por la juez Alaya, después de que la Audiencia de Sevilla le otorgara el nihil obstat en su segundo intento.

            Sabemos hasta la saciedad que el estar imputado en una causa no es sinónimo de culpabilidad al igual que hemos escuchado miles de veces lo de la presunción de inocencia, pero nada de ello resta importancia al hecho de sentarse en un banquillo de acusados con derecho a defensa ante un juzgado normal, porque en este caso que nos ocupa la imputada no es aforada, o sea: no tiene el privilegio de ser juzgada por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía o por el Supremo de España, privilegios que si ostentan Manuel Chaves, José Griñán y cuantos aforados más existan en el caso de los EREs andaluces, presuntamente fraudulentos.

            Lo que viene a demostrar teóricamente la jueza en cuestión es que Magdalena Álvarez legisló de forma que, sin mucho esfuerzo e inteligencia, pudiesen desviarse millones de euros destinados a “socorrer” la penuria de numerosos andaluces a los bolsillos y cuentas corrientes de algunos desaprensivos.

            Ha realizado la discutida jueza un auténtico encaje de bolillos con semejante red de tarántulas, por lo que me atrevería a decir que está cerca el desenlace de su sumario porque, aunque aforados los que permitieron que la vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones, les va a resultar muy difícil eximirse del visto bueno que, como superiores a la imputada, otorgaron a la teórica y presunta culpable del desaguisado legislativo.

            Toca esperar, pero no sería malo por aquello de la llamada “marca” España, no confundir con el Marca, que Magdalena diese un paso de dignidad, doblada o partida, y dimitiese de su cargo del ya famoso banco Europeo y, lógicamente, de la morterada de euros que cobra mensualmente.

            La conozco algo, no lo suficiente para pringarme en predecir la decisión que tome, pero creo que dimitirá del cargo y prestará un buen servicio a su colectivo político y, lo más importante, a España.

            Esperemos, pues.



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