viernes, 30 de mayo de 2014

Los hermanos andaluces



           Nadie se sienta menospreciado por estas líneas, pero Andalucía es el mayor (tal vez el mejor) pueblo de los que conforman la nación española. Ocurre, sin embargo que nuestra dignidad se encuentra diluida justamente por su grandeza y, tal vez por ello, somos incapaces de demostrar al resto de los españoles que son ellos los que dependen de nosotros y no nosotros de una limosna más o menos institucionalizada.

            Somos igual en extensión que Portugal y mayor que el Benelux, o sea, que la unión de Bélgica, Holanda y Luxemburgo y, sin embargo, parecemos tan poca cosa que cabemos en las cabezas de Susana del PSOE, Moreno Bonilla del PP o Maíllo de IU; no hablemos ya de Ribera al que miles de andaluces han dado sus votos para introducir en Europa dos parlamentario europeos o Rosa  de UPyD, ese partido que no es pescado o carne pues recoge votos en cualquier caladero incluido el andaluz, el nuestro, el mío.

            Madrid es Madrid, y su comunidad esta formada por grandes pueblos que en su mayoría los habitantes de ellos proceden de Andalucía; y Cataluña es esencialmente Barcelona con más de un millón de andaluces, entre sus cuatros millones, que dejaron de serlo, más tres provincias pequeñas: Lérida, Gerona y Tarragona; para allá se fueron nuestros mejores hombres con su maleta de cartón, un hambre de mucho cuidado y unos enormes deseos de dejarse el pellejo en el trabajo; y tuvieron hijos y nietos y, en gran cantidad, perdieron sus señas de identidad por culpa de caciques andaluces y del vampirismo de los pueblos del norte.

            Nosotros, los andaluces tenemos ocho provincias pujantes que abarcan parte del litoral atlántico y mediterráneo, ocho provincias de montes, nieve, llanuras y un río grande, que no otra cosa significa Guadalquivir, que lame buena parte de la madre andaluza; poseemos desde el verde mar de los olivos de Jaén a los cítricos del valle del Guadalhorce pasando por los blancos algodonales de Sevilla, en nuestra ciudades se encuentran los más hermosos monumentos que un ser humano pueda gozar con la vista, pero tenemos, por ser como somos, una “guerra” establecida por la casta política que lleva a los andaluces de aquí y de allí a abominar los unos de los otros, a sevillanos de granadinos, a estos de malagueños, a cordobeses con un nuevo califato, y así todas las provincias a causa de una casta política aborrecible a no formar un pueblo unido frente, si frente, al resto de los que no tienen por esclavos.

            Pues claro que podríamos ser, pero nos lo impiden con sus triquiñuelas, trapicheos y devaneos provincianos.

            Si Andalucía fuese una y los andaluces ejercieran de andaluces otro gallo cantaría por España, pero no es así porque andamos cada uno en nuestra caseta de feria jaleándonos que somos los mejores.

            Desperdigamos nuestra grandeza en absurdas rivalidades que, en la mayoría de los casos, provienen de las limosnas que nos entrega la Junta de Andalucía de los mismos impuestos que nosotros pagamos.

            Antes que libre, procuremos que Andalucía sea una con capacidad de ponerse en pie frente a los que nos atropellan.

            Para esta misión, os espero.

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