sábado, 10 de mayo de 2014

La revolución de las tripas








          He descansado un día sin escribir y otro más, pero estoy cansado de no hacerlo pues no deseo acostumbrarme a este martirio de no comunicar los problemas de los otros y los míos propios.

            Así que son las dos de la madrugada de este 10 de mayo y no me lanzo a la cama sin teclear cualquier nadería, y es que no soporto, para el tiempo que me queda, tanto espacio de tiempo sin retratarme ante ustedes y ante mí.

            No le den vueltas, esto es un vicio, o sea, un placer de dioses el pensar que una sola persona pueda leerme esté o no de acuerdo con las 350 palabras diarias; y eso que el día ha sido agotador y la noche apacible, y es por eso que con esa dicotomía no puedo descansar sin más y porque se cierren mis párpados.

            La conversación seria duró no más de diez minutos, el resto lo que se tarda en comerse un huevo frito, unas patatas riquísimas y unas chistorras deliciosas; pero mientras ello hacíamos por los “Pinos de Alharurín”, lugar donde el Valle del Azahar se adelgaza, los seiscientos segundos derivaron a que el personal lo pasaba mal con esta lacra de miseria que azota a los más débiles económicamente y enriquece a los de siempre.

            Y así entre patata y patata conversamos sobre la revolución necesaria para solucionar este conflicto entre los pocos poderosos y los numerosos débiles; se llegó, aunque parcialmente, a la conclusión de que en España existía demasiada economía sumergida -que si es verdad es lo que nos salva- y muy poca decencia en el mundo institucional.

            Unos hablaban de Carlos Marx, quiero decir del mundo de las ideologías como premisa esencial para darle la vuelta del calcetín a esta sociedad, pero yo, lo que son las cosas, defendía el submundo de las tripas como única posibilidad para conseguir la verdadera metanoia, cambio de mentalidad.

            Vamos, que lo que quiero decir es que hasta que las tripas no hagan ruido y los hijos y nietos no sientan el ratón del hambre, los mayores de edad no se lanzarán a la calle para solucionar este quebranto de solidaridad y justicia entre las personas.

            Ojo, pues, que algunas tripas parecen sonar y ello puede desembocar en una posible revolución de verdad; claro que esto la comentábamos después de haber engullido las chistorras.




No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada