martes, 20 de mayo de 2014

Jesús fue judío








         Tras la derrota del Real Madrid ante el Maccabi en la final de la Copa de Europa de baloncesto, la redes sociales vomitaron toda una serie de insultos e improperios antisemitas o antijudíos contra los jugadores del equipo vencedor equiparándose a aquellas famosas conspiraciones “judeomasónicas” inventadas por el dictador Franco y que conformaron, en algunos estratos de la sociedad franquista, odio eterno a los judíos.

            Dejando aparte la fobia deportiva, pasable en algunos aspectos, estos energúmenos que nada tienen que ver con el franquismo son unos auténticos analfabetos en materia religiosa, materia que hoy se estudia poco y se vive menos por lo que no vendría nada mal al sistema educativo un estudio de las Religiones que sería tanto como hacerlo sobre las Culturas.

            Jesús fue un judío, un rabí en toda la extensión de la palabra aunque no muy bien visto por la clase dominante del estado teocrático de Israel al que, en muchísimas ocasiones, criticó hasta ser condenado a muerte por blasfemo por el mismísimo Sanedrín, y murió judío. Al igual que hoy, existen cristianos católicos que critican a la cúspide de su propia Iglesia.

            Se afirma que Europa es la beneficiada de una cultura judeocristiana, y justamente lo es y debemos sentirnos orgullosos de ellos, un servidor al menos lo está.

            Los cristianos, al igual que los musulmanes, descendemos del mismo árbol geneanlógico y, por si no lo saben esos energúmenos, tenemos el mismo Dios, aquél que adoró Moisés en la llamada zarza ardiendo, bella metáfora como todo el Antiguo Testamento, y que se conoce con el nombre de Jehová o Yahvé en el que Jesús creyó y en el que los cristianos católicos deben creer si presumen de serlo.

            De tal forma es así, que si algunos de esos depredadores de las redes sociales son creyentes practicantes dicen “palabra de Dios” en las eucaristías que la Iglesia católica celebra a diario cuando se lee un texto del Antiguo Testamento.

            Ocurre que los judíos siguen esperando el Mesías, mientras que para los cristianos dicho Mesías fue, según San Pablo, el nacido en Belén; desde ese instante mantenemos ciertas diferencias, pero en lo esencial somos igualitos.

            Pero es que no se enteran: mejor que en vez de ser investigados por el Ministerio de Interior reciban unas buenas clases de catequesis, ¡so zoquetes!


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