martes, 6 de mayo de 2014

Jesucristo, el Che Guevara y Felipe González









            Elena Valenciano, candidata nº 1 del PSOE a las Elecciones al Parlamento Europeo, no sabiendo qué decir anda largando una  serie de sandeces que va a poner en bandeja el triunfo electoral a Arias Cañete o a su primo hermano político, señor Cayo Lara.

            Personalmente le agradezco a Elena el saber que, gracias a ella, mi capacidad de asombro no ha desaparecido del todo debido a la variedad de mensajes y chascarrillos que va soltando a lo largo de su periplo por tierras españolas.

            Lo último que ha vertido es que ella fue algo mística a la edad de 13 años y que su ídolo era Jesucristo superstar, recordando aquel mítico film algo xenófobo porque el malo de la película, Judas, estaba encarnado en un hombre de piel negra; y que ella, afirma, conoció muy bien a la verdadera María Magdalena, mujer que después fue orillada por los sumos pontífices; vamos, que me parto de risa de sus conocimiento cristológicos.

            Y va y dice la candidata socialista que del misticismo pasó a la revolución y que, por ello, su ídolo fue el Che Guevara, del que si sabemos de sus cosas, historias, Santa Clara y del famoso póster que adornó millares de dormitorios de jóvenes que apostaban por el nuevo mito creado por la revolución cubana de los hermanos Castro.

            No para ahí la candidata europea, sino que a bote pronto idolatró a Felipe González en el que vio al superhéroe llamado a la transformación real de España; es seguro, creo yo, que Valenciano fue una de tantas que gritaba entusiasmada aquello de “Felipe, capullo, queremos un hijo tuyo”.

            Pero he aquí, que de pronto y como por arte de magia y haciendo de buena trilera introduce al nacido en belén, al médico argentino y al abogado sevillano en un mismo cubilete y afirma que ellos fueron sus ídolos. Y así, de una sola tacada, intenta extraer por arte de magia los votos de cristianos, revolucionarios con pistolas y buenos capitalistas.

            Los españoles y las españolas no nos merecemos estos discursos sobre teología, revolución y socialismo que abandona el marxismo; somos personas serias, sensatas, capaces y con posibilidad de, puestos a volvernos locos, votar al juez Elpidio antes que a Elena Valenciano.

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