jueves, 22 de mayo de 2014

Examen de conciencia



           Tenía un amigo que más o menos me decía que tengo un particular ADN que podía conmigo, y he dicho que “tenía un amigo” porque ya él dejó de tenerme a mí como tal; le escribo, pero no me contesta y lo vuelvo a hacer y su silencio sigue embargándome.

            No tengo constancia de haberle hecho mal alguno; la prueba es que él va como un cohete hacia la fama y un servidor lleva camino de meterse en un túnel sin posibilidad de salir de él, pero sigue siendo mi amigo y gracias a él, hoy, huyendo de las hostias del alcalde de Sestao, del escrache que en Cataluña unos pocos desaprensivos le han hecho al ministro Montoro, del décimo aniversario del matrimonio de los Príncipes de Asturias o de lo mal que lo está pasando el Consejero de Cultura de la Junta de Andalucía con las visitas de la Guardia Civil a instancia de la juez Alaya para retirar documentación relacionada con algunos Cursos de Formación, hoy, decía, he optado por realizar un pequeño examen de conciencia para analizar mi comportamiento con este mundo.

            Lo hago a fin de comprobar si es mi ADN el que me ha llevado a esta situación o por el contrario es mi forma de concebir la sociedad, de la que no tengo ningún interés en formar parte de ella, la que me está conduciendo a un aislamiento peligroso; bien pensado, sea cual sea el resultado, todo será gracias a ese ADN al que se refería mi amigo.

            Lo he dicho en varias ocasiones refiriéndome a una anécdota de un joven yanqui que asistiendo a una manifestación contra la pena de muerte al final se quedó solo alrededor de una prisión donde iban a gasear a un condenado a semejante crimen oficial; cuentan que se le acercó un policía y le dijo que se fuese a casa porque no iba a cambiar el mundo, a lo que el chaval le contestó que ya lo sabía, pero que él lo que pretendía era que el mundo no le cambiase a él.

            Y justamente eso es lo que me dice machaconamente mi ADN: “Pepe, procura que el mundo no te cambie”; y ese ha sido mi lema de toda la vida, por ello me fui de UCD, de la Vicepresidencia Nacional del Consejo de Educación, del Partido Andalucista, de la Iglesia Católica aunque me quedé con el mensaje de Jesús de Nazaret y de algunos lugares y puestos más; me fui yo por propia voluntad, pero nunca fui expulsado. Ahora sí, ahora he sido escarnecido, apartado, expulsado y arrojado al cubo de la basura de los hombres indeseables.

            Los autores de estos hechos no han sido los malvados políticos o los avaros banqueros, sino aquellos en los que deposité mi amistad; saben lo que les digo: pues que me siento muy a gusto con mi ADN y este pequeño examen de conciencia porque sigo deseando que el mundo no me cambie, aunque siga el martirio de forma continuada y cruel.

            Pero mi amigo, aunque yo no lo sea de él, sabe muy bien que algún día, por aquello de mi ADN, vomitaré nombres, apellidos de los causantes de este dolor que me embarga, porque sólo entonces saldré del túnel y acariciaré la luz de la verdad.


           

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