miércoles, 28 de mayo de 2014

Envolverme en el amor



           Pasada la metralla de las elecciones europeas y a la espera, prueba de fuego para el Presidente legítimo de España Mariano Rajoy, de la consulta soberanista catalana, me gustaría -hecho tal vez imposible- dedicarme a escribir de lo cotidiano, del día a día, de lo importante para mí y para numerosas personas de esta sociedad que me rodea.

            Cuando leo que Susana Díaz es la esperanza del PSOE y compruebo que ella, junto a IU, y sus padrinos Chaves y Griñán han conducido a que Andalucía tenga un paro del 36% y entre los jóvenes del 54%, me convulsiono de tal forma que, sin perder la fe en cualquier milagro posible, me dejo llevar por el triste espectáculo de saber a ciencia cierta que España no mide a los políticos por sus resultados sino por sus siglas; y llegado a este punto y a esta edad que atesoro pienso que lo único que debo hace es envolverme en el amor y hacer algo de bien en mis círculos más próximos, sin olvidar, claro es, realizar algún acto caritativo de pequeñas donaciones a aquellos que saben administrarlo, léase Caritas (por favor: no se me echen al cuello los de siempre), escribir mis cosas, algún poema e intentar inculcar la decencia a los míos.

            Y es lo que voy a hacer, hablar con mi vecino del piso de abajo que todos los días pasea a su mujer en un silla de ruedas, la lleva a la terraza del pequeño Gran Vía, se toman un par de refrescos y se van, pasadas dos horas a su casa; un día, tal vez hoy mismo, le diga a él si necesita ayuda para subir, bajar y meter en la cama a su esposa.

            O decirle a Pepillo, un hombre pobre, no un pobre hombre como tantos que pasean su opulencia a diestra y siniestra, que se asoma a la ventana del bar a la espera de que alguien le invite a una cerveza, cosa fácil que hago con frecuencia, o decirle a Pepillo, decía, cómo le va la vida, dónde duerme, cómo vive, o sea, hacerme uno con él.

            Preocuparme más por Rosi, mi compañera, que poco a poco va perdiendo la memoria, la noción del tiempo, del día, del mes; quererla, acariciarla, demostrarle mi cariño, ayudarla lo más posible.

            En fin de cuentas tengo que beberme el café que pido y pago a media tarde, porque si no lo hago Antonio lo retirará de la barra; quiero decir que yo estoy en este mundo para hacer aquello que tengo encomendado, y eso es lo que voy a hacer.

            Ya está bien de batallitas y de oír memeces.


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