viernes, 2 de mayo de 2014

El dos de mayo



Aunque sé que el 1º de Mayo tiene algo de reivindicación y mucho de fiesta, y hasta puede que de puente, los sindicatos, esencialmente los de Cándido y Toxo, estuvieron obligados a salir, más en estos tiempos que corren, a las calles con bocinas, pancartas, banderolas y griterío, ganado a pulso, contra Rajoy y los suyos.

            Y aunque también sé que el 2º de Mayo ya no se lleva, exceptuando Madrid y alrededores, y que para muchos, más con el actual antisistema educativo, se ha convertido en algo trasnochado y, a veces, vergonzante, no debemos olvidar que, de una u otra forma, aquellos hombres y mujeres lucharon por la independencia de España aunque después el deseado indeseable de Fernando VII nos saliera un absolutista de mucho cuidado.

            Si volvemos al ayer, o sea, al 1º de Mayo, y lo analizamos con frialdad debemos de reconocer que son los sindicalistas liberados los que más se están jugando en estos momentos, por lo que preveo que a la orden del silbato y la manduca poblarán calles de algunas ciudades; a renglón seguido hay otros currantes más cuajados que, por lo que pueda ocurrir de aquí a un par de meses, harán acto de presencia en defensa de lo poco que les queda; ahora bien, como aparezcan los seis millones de indefensos se puede armar la de Dios.

            Justamente fue eso, la de Dios, la que se lió en Madrid el 2 de mayo de 1808 cuando dicen algunos que el alcalde de Móstoles, sin necesidad de redes sociales, mandó a unos pocos a decir “leña al gabacho”, y fue entonces cuando Goya se cubrió de gloria con su famoso cuadro sobre los fusilamientos del día 3.

            Pues bien, hemos perdido la soberanía, que no al soberano cuya vida guarde Dios unos pocos de años más, ante la Merkel, los banqueros de postín, el banco de Europa y el FMI que nos maltratan y atornillan bastante más que el Pepe “botella” que, según dicen los expertos, no era tan mala persona como me enseñaron en los tiempos del azul mahón.

            El grito unánime de hoy debería ser el de “soberanía” e “independencia”, pero muy requetebién explicado no sea que Artur Mas se dé por aludido y entonces: apaga y vámonos.


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