lunes, 19 de mayo de 2014

¡Ay: Convento de la Trinidad!









           En la llamada Calzada de la Trinidad de Málaga, la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, se encuentra el Convento que lleva ese nombre, Trinidad, que huele a nuez cascada por el paso del tiempo; dicho edificio fue el antiguo Convento de San Onofre de los Padres Trinitarios que en el siglo XVI originó el controvertido Barrio de la Trinidad, en cuyo interior se encuentran (?) elementos renacentistas y mudéjares. En su interior destaca su Claustro, obra arquitectónica sin par, de tal forma que su conjunto en aquellos tiempos de UCD, 1980, fue declarado Patrimonio Histórico de España. Hoy, a causas de circunstancias autonómicas es propiedad de la Junta de Andalucía, hecho que podría ocurrir con la Mezquita de Córdoba, Dios no lo “premita”, porque el Convento, esa joya ante la que todas las autoridades -sean municipales, autonómicas o estatales- se ha convertido en una pura ruina y nido de ratas, maleantes y del encogimiento de hombros de las autoridades citadas para vergüenza de Málaga y sus habitantes, los malagueños.

            Hace tiempo, allá por 1995, el PP comenzó a decir y vociferar que podría servir como Museo Arqueológico, a lo que el PSOE se opuso argumentando que dicho Museo debería ubicarse en el lugar que en Málaga se conoce por el Palacio de la Aduana, antiguo Gobierno Civil sin que todavía el PP de Wert haya conseguido ni lo uno o lo otro.

            Un día de 2006, la entonces Consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Rosa Torres, anunció que el Convento de la Trinidad se convertiría en el Parque de los Cuentos, y jamás tal nombre se convirtió en mayor realidad porque aquello fue uno de los mayores cuentos de la historia contemporánea española y andaluza.

            Y ahí tienen ustedes al actual Consejero de Cultura, mi amigo, cree un servidor, Luciano Alonso, el que dicen que ha pedido mi cabeza con Presidente de la Asociación Colegial de Escritores de Andalucía, hecho que no creo aunque se la han servido en bandeja, sin saber qué hacer con el famoso Convento que tiende a desaparecer cascote a cascote y teja a teja mientras los malagueños piensan a quién votar en estas elecciones europeas.

            Digo yo, y lo mantengo ante la jefa de todos, la Merkel, que como se enteren de este expolio nos expulsan de la zona euro por más que Cañete o Elena se empecinen en decir que somos europeos.

            Por Málaga y su Convento de la Trinidad, demos un par de collejas a Susana, Wert y Luciano; se lo merecen.


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