miércoles, 14 de mayo de 2014

Autoconfesión








         Cuando miro atrás, aunque no muy lejos en el tiempo, y contemplo lo ocurrido conmigo en la trastienda de la literatura, no llego a creerme del todo la cantidad de sucesos que han ocurrido en ese pequeño lapsus de tiempo con mi persona.

            Palabra de honor que intento olvidarlo todo y seguir mi camino como si no hubiese pasado nada, pero hay días, sea por lo que sea, tal vez por una ofuscación mental, que reverdece de nuevo lo que siempre he considerado una traición -tal vez no lo sea- por unas personas en la que deposité toda mi confianza; procuro olvidarlo, pero como quedan rastros, seguimientos, periódicos, fotos, etc., vuelven de nuevo los fantasmas del recuerdo y lo paso mal.

            Ocurre además que aunque escribo del tema en determinadas ocasiones, pero silencio nombres y hechos, la bilis se va acumulando y la tengo que aplacar con determinadas pócimas que no van bien para mi salud y, quiéralo o no, me estoy matando poco a poco mientras algunos de ellos, con frialdad absoluta, los veo entre palacetes de poder, mientras yo me encadeno en mazmorras tenebrosas.

            Así que “destrozado y cautivo el ejército rojo, las tropas nacionales van consiguiendo sus objetivos”, a saber: figurar y, para más inri, con excelsas vitolas de humanismo y solidaridad. Y yo, aunque no lo deseo, me hundo, tal vez por mi pajolera forma de ser, en el club de los poetas muertos por mi culpa, por mi gran culpa.

            No es que me duela el triunfo de los otros, amparados y cubiertos por la leprosería del poder; no es eso, es que no sé cómo fui engañando, vapuleado, escarnecido y tiroteado por aquellos en los que creí.

            Lo problemático de todo ello es que no me siento culpable de nada, o sea, que mi soberbia ha debido ser tan atroz para con todos ellos que tengo muy bien merecido este castigo que purgo aunque a veces, hoy por ejemplo, vuelque mi pecado entre palabras que la inmensa mayoría no entenderá jamás.

            De manera que ruego perdonen este “copo” de hoy, pero no es malo realizar en ocasiones una autoconfesión de las propias maldades.

3 comentarios:

  1. Una inmensa mayoría no lo entenderán jamás... pero qué grande luces a los ojos de aquellos que si lo entienden... más estos días de "lindo posado".
    Un beso no, un puñao, maestro, es esta niña de Graná que si te quiere a rabiar.

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  2. No solo no es malo la autoconfesion, si no que es buenisimo. Me ocupa y preocupa tu estado de animo y esas "pocimas" que dices te están matando.Pepe, no te mates,hay muy pocas cosas que merezcan la pena en este mundo nuestro sacrificio y muchas para Vivir con alegria. Consuelo

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  3. Muchas gracias a Magda y Consuelo. Seguimos en la lucha por la verdad, pues aunque a veces parezca uno desfallecer, la propia dignidad hace milagros.
    Besos.

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