domingo, 27 de abril de 2014

Marxismo y cristianismo



           Con el Pregón de las Hermandades de Gloria que Pedro Moreno Brenes, portavoz que ha sido durante ocho años por Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Málaga, comunista de afiliación y católico por autodefinición y bautismo, ha ofrecido este fin de semana en esta maravillosa ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, han vuelto a caer rayos y truenos sobre la famosa dicotomía religioso-política.

            Fue en los balbuceos del franquismo cuando el entonces obispo de Málaga, Ramón Buxarrais, organizó unos encuentros diocesanos que se fueron dando por toda España y cuyo nombre era “Diálogo marxismo-cristianismo” y que, en su gran mayoría fueron organizados por miembros de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), concebida en aquellos tiempos como el “alma” roja de la Iglesia Católica.

            Recuerdo que en ellos, en los que por cierto participé, se decía que ambos conceptos y/o teorías eran algo parecido a las vías de los trenes, o sea: paralelas tal vez en su recorrido (visión del llamado “compromiso temporal”) pero de difícil unión o conjunción, por no decir imposible, por el fin último de ambas, llamémoslas, teorías.

            Pedro Moreno, buen amigo y con seguridad me atrevo a decir que viceversa, ha ido y va más lejos, quiero decir a intentar compatibilizar “Comunismo y catolicismo”, intento que va más allá del anunciado al principio pues, podríamos decir, y que se entienda bien, que estamos hablando de religiones en ambos casos y que como tales van más allá de ideales o principios.

            Lenin, por una parte, da una vuelta de rosca a Marx y Saulo de Tarso, hace otro tanto con las enseñanzas de Jesús de Nazaret. El primero, Lenin, crea el comunismo y el segundo, San Pablo, la iglesia. Y ambos crean organizaciones, jerarquías, medios y fines, dogmas de obligado cumplimiento y concepciones totalmente contradictorias con el paso del tiempo.

            Y no es el sexo lo esencial y primordial de sus diferencias, sino su fin último y los medios para alcanzar el mismo. El personal se queda en lo superfluo y lo más simple, pero no osa aterrizar en las críticas teóricas que diferencian ambas organizaciones.

            Loable la actitud personal de Pedro Moreno de intentar conciliar lo imposible, al menos teóricamente.


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