martes, 29 de abril de 2014

Los reflejos de Dani Alves









            Creo que he repetido hasta la saciedad que nací en Melilla, me siento malagueño y soy sevillista hasta la muerte; tres personalidades distintas y un solo hombre, me atrevería a decir que verdadero.

            Los que me conocen, a saber: en cierta forma el que esto escribe y el que se refleja en las letras, saben que tildo de “traidores” (en plan de broma) a todos aquellos que vistieron la camiseta de los del Sánchez Pizjuán y en la actualidad juegan en otros equipos de fútbol. Por ello, en el Gran Vía, mi segunda residencia, se ríen cuando tildo con ese nombre a los Sergio Ramos, Adriano, Keita, Alves, Baptista, Poulsen, Reyes (hijo pródigo), Buyo y un largo etcétera de jugadores de élite que dejaron de ser palanganas por ganar más euros, algo lógico entre profesionales. Semejante calificación podría servir para otras facetas de la vida en la que algunos, llamémosles profesionales, dejaron de ser mosquillas cojoneras contra la pseudo cultura del poder de este país, para engrosar las filas del mismo  y como suaves pelotilleros intentar comer del pesebre de lo público.

            Cuando el pasado domingo el Barça lo estaba pasando muy mal en su encuentro con el Villarreal, un desaprensivo arrojó un plátano al ex sevillista brasileño Dani Alves en un intento xenófobo de compararlo con un mono. El correbanda azulgrana no lo pensó una sola vez, sino que con parsimonia abrió el plátano, le dio un par de bocados y lo dejó caer al suelo; hace falta, en el ardor de la batalla futbolística, muchísima tranquilidad y un absoluto dominio de la situación para hacer lo que ha dado la vuelta al mundo como muestra de ciudadanía crítica.

            Siendo ello bueno, lo inmejorable fueron sus declaraciones posteriores: “mi madre siempre me dijo que comer plátanos evitaba los calambres, y ello me dio fuerzas para enviar dos centros que se convirtieron en goles”. Las redes sociales han apostado por la acción de Alves, la presidenta de Brasil Dilma Rousseff lo ha felicitado, el lanzador del plátano ha sido expulsado de por vida como socio del Villarreal y el ex sevillista se ha hecho merecedor a recibir sino el balón de oro, sí el de la dignidad del fútbol mundial o el Príncipe de Asturias.

            Hechos de este calibre, no poéticos por cierto, son los que ensanchan que el camino esperanzador de la igualdad entre los seres humanos es posible.

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