miércoles, 30 de abril de 2014

La puta vida



En mi “puta” vida tengo la sensación de no haber hecho daño a nadie con excepción de a mi propia persona, pero bueno como mi vida es mía, con permiso de los poderes fácticos, puedo hacer de ella mi propio sayo.

            Y digo que no he realizado actos contra terceras personas porque ni robé y/o maté a nadie, y tampoco me aproveché para hacer trastadas al por mayor o por menor, exceptuando a los míos que dado el mutuo cariño que nos profesamos nos permite abusar algo de la confianza que depositamos los unos en los otros y viceversa.

            Esta expresión que da nombre a este “copo”, me refiero a lo de “puta”, es muy usada en el argot o habla hispana por todos y cada uno de nosotros salvo los o las que se cogen la vidorra con papel de fumar; a un servidor lo han puteado en numerosas ocasiones, y las que me quedan por aguantar, del mismo modo que yo he realizado semejante acción con determinados personajillos y las que me quedan por hacer si el omnipotente, ojalá que sí, me dé una pizca de fuerza para seguir en el intento.

             Es pues bueno que la clase política haga uso de este concepto cuando desee dejar las cosas claras y fuera de toda duda, por ello es de agradecer que Soraya A (PP) haya empleado esta palabra cuando en respuesta a Soraya B (PSOE) ha afirmado que “en su puta vida ha recibido ningún sobre”, se supone que con pasta del señor Bárcenas, lo de señor lo digo porque a pesar de “la chica de Granada”, la que apuesta por Mayor Zaragoza como el adalid del Humanismo de Erasmo, sigo manteniendo mis parámetros de persona que no entra en la compra y venta de la dignidad, don que se mama en el pezón materno.

            Ya es casualidad, pero las cosas son así, que existan dos Soraya, la A y la B, lanzándose dardos envenenados que, no se molesten por favor, en mujeres adquieren una peligrosidad extrema por el hecho del llamado sexo débil que adquiere dimensiones de extrema peligrosidad.

            No es que uno sea de derechas, aunque pueda parecerlo a los más ignorantes en temas políticos, pero hay que reconocer que Soraya A por aquello de ser o parecer algo “verdulera” le ha ganado por puntos a Soraya B por bajar al nivel de corralera auténtica para decirle las tres verdades del barquero, lo que no quiere decir que su vida, como abogada del Estado, sea una putada sino más bien un don del que muy pocas mujeres puedan presumir.





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