viernes, 14 de marzo de 2014

Y un reguero de amor



Cuando cesen los hombres en su hablar,
vosotros jóvenes
tomad vuestra palabra.
No habléis nunca de amor,
hacedlo hasta saciaros.
Besad profundamente vuestras bocas
y penetrad las sendas oscuras de la vida:
allí descansa el verdadero Dios:
en el ¡ay! misterioso del encuentro.

Cuando el amor os sacie
contad vuestra experiencia por ciudades y valles,
subid las cumbres de los blancos cerros
y sean vuestras voces profundas caracolas
que iluminen los aires de los montes.
Los hombres seguirán vuestro camino
y un reguero de amor,
como fuego sagrado,
abarcará este mundo.

(De José García Pérez)

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