sábado, 22 de marzo de 2014

Tres pequeñas historias con Adolfo Suárez (II)


A pesar de que Adolfo Suárez ostentaba la Presidencia del Gobierno, su partido, nuestro partido, tenía deudas a porrillo. Aquí en Málaga, los 10 o 12 que formábamos UCD hicimos un par de votaciones y Francisco de la Torre, actual Alcalde, fue elegido presidente provincial y a mí me endosaron la secretaría general.

            Como la Transición era un contrasentido enorme y me explico: Congreso y Senado habían salido de las urnas democráticas, pero los alcaldes seguían siendo los nombrados por el  aparato del Movimiento Nacional, lo primero que tuvimos que hacer fue recorrernos toda la provincia para ir formando una estructura que permitiera formar candidaturas para las primeras elecciones democráticas municipales. Exceptuando al PCE, no fue tarea fácil ir convenciendo a vecinos de pueblos para que diesen la cara, pues aunque eran momentos de un cierto encantamiento democrático el personal no se atrevía a dar el paso de la definición política.

            Los ocho secretarios provinciales de Andalucía pedimos una entrevista con Suárez para informarle de los problemas económicos, y durante la reunión mantenida con él caí en la cuenta de sus cualidades políticas. Seductor como nadie en el trato personal y pequeño grupo, capaz de defenderse en el medio, y huidizo, muy huidizo, a la hora de enfrentarse al gran grupo, léase Congreso de los Diputados.

            Lo dijo a lo claro y sin tapujo: “Para que España alcance la democracia real, el Presidente del Gobierno no puede atarse a los tres poderes de este país: Ejército, Iglesia y Banca; pues mis manos tienen que estar libres”; y así fue: jamás se doblegó ante ellos.

            Tal vez nos caímos bien porque le discutí algunas de sus tesis, pues desde ese momento nos vimos de vez en cuando y charlábamos sobre algunos conceptos, la mayoría de ellos sobre la dificultad de conjugar cristianismo y política.

            Tal vez esa falta de conjugación por mi parte fue lo que me llevó a convertirme en algo díscolo dentro del seno de UCD, eso y los lamentables sucesos del 4-D en Málaga más las concesiones que, por aquello de los pactos, se hacían con comunidades ricas en detrimento de Andalucía.

Oh Dios, siempre Andalucía, pero esa es la última historia con Suárez que ambos hemos mantenido en secreto.


            

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