viernes, 28 de marzo de 2014

Sentirse solo



Como no soy un profesional de la escritura, tengo la desfachatez de escribir sobre mis sentimientos; los auténticos escritores ejercen su profesión describiendo lo que pasa en la lejanía, o sea, lo que ni siquiera les roza, pero yo soy un aprendiz en esto de concadenar palabras íntimas que nadie comprende y, además, nunca sabrán si es verdad o mentira.

            A mi no me ha traicionado nadie, lo que no evita que me sienta desechado y arrojado al cubo de la basura de los hombres inservibles. Algunos amigos han llegado a la conclusión de que ya no sirvo para determinadas cosas, o sea, para saber si este libro es bueno, si aquel es mejor o si el otro es único.

            Y así tras veinte años de servicio en un determinado jurado de poesía, hoy no formo parte de él; precisamente un servidor de las letras que fui fundador, junto a otros, de tal evento; pues bien, me siento solo, terriblemente solo. La verdad es que ayer recibí la llamada telefónica de alguien, un amigo, que viene desde lejos para pasar dos días en esta maravilla de ciudad mediterránea y que tenía, me expresó, ganas de echar un rato; cuánto te lo agradezco.

            Silencio, la amistad en el más terrorífico de los silencios. Ellos y ellas van a reír, se darán besos y abrazos, debatirán -creo- sobre libros, comerán, cenarán, reirán. La “pastora”, mi esposa, no verá o hablará con sus amigas; y el “pastor” se hará cargo de ella para que esta noche y mañana sea más feliz que nadie con mis mimos y silencios, porque yo, aunque con fama de frío, político y crítico soy más tierno que la mayoría de vosotros.

            Todavía no sé los grandes errores y maldades realizadas por mi persona hacia ellas y ellos, aunque deben ser enormes y crueles para haber sido borrado del corazón de los mandamases oficialistas de los escritores, críticos y humanistas solidarios.

            Solo, sí, solo con mi pequeño ordenador portátil para escribir, llorar y reír, porque yo voy a seguir escribiendo desde la verdad, mi verdad, sobre la frialdad de la mentira y del desencanto de los que afirmaban ser amigos.

            Serán pocas las veces que lo haga, hasta esta podría ser la última de ellas; pero hoy queridos presidentes, vicepresidentes y secretarios de A, B y C permitidme esta licencia, pero es que me siento solo, demasiado solo, mientras vosotros bebéis, coméis y celebráis el festín que durante años os he preparado.



2 comentarios:

  1. Quizá no ya con esas compañías... pero solo no estás. Y muchos seguimos confiando en tu crítica acertada, y tu buen ojo en ciertos temas.
    Un puñao de besos, Maestro.

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  2. Gracias Magda. Si tú, querida amiga, supieras de dónde viene la venganza, te preguntarías: ¿es posible?.
    Besos, y algún día te lo contaré.

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