sábado, 1 de marzo de 2014

Los verificadores



         El misterio de los verificadores del desarme de ETA es digno de una buena novela negra o de una película con cierto suspense, sin que por ello tenga que ser terrorífica.

            Ram Manikkalingan, Ronnie Kasrils, Chris Maccabe, Satis Nambiar, Fleur Ravensbergen y Aracelly Santana son personas con un prestigio probado y que han ocupado puestos de responsabilidad en sus países de origen; algunos de ellos han intervenido en procesos de paz en problemas como el IRA o el Apartheid que, por cierto, nada tienen que ver con el terror que durante años ha sacudido al País Vasco.

            Por lo que se sabe de ellos y ellas no trabajan por amor al arte, sino que cobran cerca de 800 euros diarios por su laboreo, al tiempo que duermen y comen en hoteles y restaurantes de numerosas estrellas y tenedores; pero bueno si al final consiguen demostrar que los del hacha y la serpiente han entregado su armamento y se han disuelto, bien hecho está.

            Hay ciertos interrogantes, por ejemplo: saber quién se pone al habla con ellos (todo hace suponer que la mismísima ETA) y quién les abona los gastos (qué locura pensar que fuese con nuestros impuestos). Han sido bienvenidos por todas las franquicias de Eta y por el lehendakari Urkullu, ese señor de voz grave y rostro serio.

            Los verificadores habían venido para ponernos un vídeo algo surrealista, colocar cuatro pistolas y un kilogramo de explosivos sobre una mesa, volver a introducirlos en una caja de cartón, llevársela no sé a dónde y dialogar con partidos políticos, pero no sabían que “España es diferente” y han terminado hablando con un juez que ignoro por qué no ha requisado la cajilla de cartón.

            Mientras esto ocurre en la France donde los presidentes tienen queridas como antiguamente se decía, los gendarmes han detenido al hijo del tristemente famoso Josu Ternera.

            Y esto va a traer cola, al tiempo.


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