viernes, 7 de marzo de 2014

Las fronteras



          Es seguro que un servidor saldrá vapuleado mañana, y hasta esta misma tarde, por escribir este “copo”; pero es que estoy hasta la coronilla de la demagogia vertida sobre los lamentables sucesos ocurridos en tierras de Marruecos y que dieron lugar a la muerte de quinces inmigrantes subsaharianos al intentar entrar ilegalmente en España, la nueva tierra prometida para miles de ellos, y poner su pie en la española Ceuta.

            No soy de los que tienen que estar muy agradecidos a la Guardia Civil porque el mayor de los sustos que he recibido en esta vida se lo debo a parte de la Benemérita cuando asaltaron el Congreso de los Diputados y me arrojé de bruces al suelo ante los disparos, no de pelotas de goma, con los que nos achantaron a todos los allí presentes menos a tres de sus señorías.

            Pero bueno, aquello pasó y realmente tengo que admitir que algunos fueron cumpliendo órdenes inconstitucionales y otros, los primeros que entraron en el hemiciclo, lo hicieron con sumo gusto.

            Dicho lo anterior, buena parte de lo que se está vertiendo en tinta y en imágenes, esencialmente en la llamada “La Sexta”, no hay cuerpo que lo aguante justo antes de iniciar una buena sopa de ajos o algo más contundente; no me voy a referir a Izquierda Unida que nunca creyó en la españolidad de esa dos ciudades del Norte de África, así como tampoco a la llamada Constitución Europea que no recoge en su texto, aprobado por referéndum del pueblo español, desde luego que no por el que escribe estas líneas, la defensa de las antiguas llamadas “plazas fuertes”.

            Que los inmigrantes que buscan besar pueblo español por las fronteras de Benienzar, Farhana o el llamado Barrio Chino para intentar entrar en Melilla se la juegan, es evidente y ellos lo saben; pero es tanta la podredumbre que dejan atrás en países de matarifes y dictadores a los que Occidente amamanta con euros que son capaces de jugarse la vida para intentar dar el salto, y ese es el verdadero drama.

            Las fronteras existen para impedir que ilegalmente cualquier persona, blanca, negra o amarilla, pueda atravesarla porque sí; esa, y únicamente esa es la razón de su existencia, lo demás es demagogia de la más barata.

            Y las Fuerzas de Seguridad, lo siento en el alma decirlo, se encuentran en esos y otros puestos fronterizos para que se cumpla la ley. Si, lo sé, “dura lex”, pero es así. De tarde en tarde surgen graves problemas como la muerte de los quince inmigrantes en, vuelvo a repetirlo, tierras de Marruecos, hecho que está en manos del poder judicial. Tranquilo, esperemos.

            Mientras tanto un ruego a los viven de las tertulias: cuando digan que la Guardia Civil tiroteó o disparó a los inmigrantes digan a continuación que fueron pelotas de goma, por cierto algunos hemos recibido esos impactos en otras fronteras, por ejemplo: en El Corte Inglés.



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